Anika (Registrado)
Comprendo, aplaudo y me alegra que “Zara y el librero de Bagdad”
resultara ganador del Premio Gran Angular 2008. Si a esto le sumamos que los beneficios
obtenidos por el libro tendrán (tienen) una parte (el 70% de los beneficios) destinada
a la Campaña Mundial para la Educación, con motivo del 30 aniversario de los Premios
Fundación SM, ya ni os digo. Un libro que, además de calidad, va a ayudar de verdad
a otras personas.
Lo leí en el mes de julio, y de vez en cuando volvía a mirarlo rememorando escenas,
personajes, intrigas, sensaciones… Y siempre me preguntaba lo mismo ¿para lectores
jóvenes? Esta cuestión es sencilla: me resulta imposible creer que una gran mayoría
de lectores jóvenes sean capaces, de verdad, de darle a esta novela el
valor que tiene –y ahora no estoy hablando de la campaña, si no
de su calidad literaria- porque es lo más alejado a la literatura juvenil que he
leído y, al mismo tiempo, es altamente recomendable para que los jóvenes sepan apreciar
la verdadera literatura. Aquí no hay críos de instituto, chicas delgadas, magia
potagia, héroes de cartón,
mundos fantásticos, unicornios y ese
largo etcétera que suele enganchar, en mayor o menor medida, a los que al fin le
han cogido el gusto a la lectura.
Estamos ante una obra de exquisita calidad, que rompe fronteras, que puede leer
igualmente un jovencito que un adulto, que disfrutará quien la viva, que la sufrirá
quien la sienta, que provocará deseos de conocer algo más sobre ese personaje de
hace tantos años llamado
Antonio Machado, ése que nombran en
el instituto y que es un rollo leer, ése que vivió en la
época franquista –algo de lo que alguna
vez han oído hablar en casa o en la tele pero que está demasiado lejos para interesarse-…
Y también descubrirán que es totalmente actual, que sigue existiendo el conflicto
en Bagdad, que hay irakíes con sentimientos encontrados por culpa
de Bush, que hay traiciones en las guerras, amenazas, y un gran deseo de vivir.
¿Estamos condenados a repetir la historia? Pues evidentemente lo que hace
Fernando Marías en esta novela es contestar
a la pregunta narrándonos
dos historias paralelas y lejanas en
el tiempo a la vez que vividas en el mismo instante y compartida con algunos de
los protagonistas. El exilio forzoso ronda sus páginas, los ejemplos son distintos,
pero iguales, y la lectura es, además de fácilmente digerible por mentes jovencitas
–dado que Marías es muy cinematográfico escribiendo- un juego de estilos de fuentes
(tipos de letras), de cartas, de diarios, de narraciones… de vidas.
El personaje más entrañable termina siendo aquel que no es quien dice ser, ése que
tiene un misterio y viste de lujo pero come en casas de beneficiencia… Y aunque
todos tienen su parte de enigma y de magia, para mí Max es “el personaje”. A pesar,
incluso, de la curiosidad que desde el primer momento me instaba a seguir para conocer
las
últimas palabras de Machado.
Tan recomendable que sentiría verdadera pena de que ciertas personas fueran incapaces
de valorarlo como se merece.
Fernando Marías no escribe para niños
tontos o adolescentes en la edad del pavo, escribe para jóvenes sensibles e inteligentes,
y pone su granito de arena en romper las estiquetas de la “lij” con una obra de
calidad que es verdadera literatura de compromiso.
Enhorabuena.
Anika Lillo
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