Anika (Registrado)
Fabuloso cuento donde la realidad puede convertirse en fantasía o la fantasía puede convivir con la rutina más real y monótona dándole al niño la posibilidad de fantasear acerca de su mamá. El primer tipo de mamá que encontramos –justo cuando el niño ya está en la escuela y ella se marcha- es una mamá que lucha contra los dragones. La sorpresa de los niños al leer el cuento es mayúscula, quizá porque no esperaban algo así. Curiosamente todo el cuento habla de oficios atrayentes, del género de la fantasía o la aventura, pero simbólicamente son traducibles a la vida real: para nosotros los dragones pueden ser los compañeros de trabajo, jefes, clientes... (todos esos que tienen tan mal genio y con los que hay que lidiar día a día), la jungla puede ser el supermercado, el ángel de la guarda puede ser un médico o una enfermera... y el propio cuento les muestra ambas cosas: la realidad y la fantasía, pero no sólo con el texto, también con la imagen. El entendimiento entre autora e ilustradora es magnífico: Beatrice Masinisugiere la lucha de la madre con extraterrestres y Alina Marais los dibuja en el polvo, en la suciedad de la casa o las manchas de la ropa; Masini sugiera que mami sea una bruja que hace pócimas y Marais dibuja con elementos fantásticos a una madre haciendo la comida. Y así, todas las imágenes mostrándonos una realidad conviviendo con una de esas fantasías que deja sorprendidos y alucinados a los peques. Además invita al niño a imaginar (o sospechar) cuál es la vida secreta de su mamá invitándole también a que guarde el secreto. Es un verdadero ejercicio de imaginación que favorece el orgullo por la madre que se tiene. Al cerrar el libro se puede apreciar cómo (en mi caso comprobado) la niña se queda pensativa pensando cuál de todas esas aventureras es su mamá. ¿Quizás un hada? ¿Una encantadora de serpientes? (fantástica forma de describir a la profesora de niños pequeños)... Fantástico. Anika Lillo
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