David Gil
Esa sencillez es el ideal que Cela buscó en este libro. Es todo lo contrario a lo que te encuentras en libros como La colmena o La familia de Pascual Duarte; si en aquellos tiende a reflejar el lado oscuro, truculento, buscando los casos más horribles, en éste procura acercarse a lo cotidiano con gran delicadeza, con la cabeza limpia de prejuicios, intentando ver, que no es poco. Y creo que le sale genial; no sólo nos muestra un cuadro de gentes, lugares y costumbres, sino que además capta algo así como el pulso de los mundos en que se mete, de la vida que late, del aire que se respira en aquellos parajes.
No es un libro de viajes al uso, en el sentido de viajero que llega y se pone a juzgar lo que no conoce, o que se pierde en comentarios históricos, artísticos como si fuera el guía de una compañía de viajes. Cuenta sólo lo que ve. Quizás el éxito en un libro como éste está en saber prestar atención.
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