Patricia Tena (Registrado)
Hay libros cuya lectura resulta una experiencia gratificante: se leen de forma amena,
nos sorprendemos con las curiosidades que nos cuenta y pasamos un rato agradable.
En menos ocasiones suele ocurrir que esa experiencia pase también a ser enriquecedora.
En esos casos, al pasar la última página aparece una sonrisa -también puede ir acompañada
de un tímido suspiro- en el rostro del lector porque se siente satisfecho; además
de entrenerse, ha hecho algo mucho más importante: aprender.
El trabajo de
Jaime Fuertes pertenece a esta categoría. Cualquier cinéfilo disfrutará
con estos secretos compartidos, pero para los periodistas que aspiren a ser críticos
cinematográficos el libro será casi imprescindible. ¿Cómo entrevistar a un actor
pedante y no morir en el intento? ¿Cómo enfrentarnos a una buena entrevista si no
hemos visto la película? ¿Por qué en la publicidad de determinadas películas aparece
una frase glorificadora de un periodista y un medio desconocidos? ¿Qué es una carta
de embargo de crítica? ¿Que a algunos periodistas se les pague unos días de hotel
en Honolulú para la presentación de una película quiere decir que compran su opinión?
Para los amantes del séptimo arte,
Un negocio de cine,
resulta sencillamente perfecto. Existen muchísimos libros y manuales que incluyen
anécdotas y curiosidades, pero personalmente pocas veces me he encontrado
con un libro tan redondo: las páginas van pasando sin que uno se de cuenta y se
devoran con avidez y curiosidad. El autor utiliza un estilo cercano que provoca
que
el lector se sienta un compañero de oficio más y sus vivencias bien
pueden utilizarse como consejos.
Jaime Fuertes tenía mucho que contar, y tras una lectura tan fructífera,
no queda más remedio que agradecerle el hecho de que lo haya compartido con nosotros.
Ha conseguido descubrirnos la cara menos conocida de este negocio, ha saciado nuestra
curiosidad y pequeñas frivolidades sobre las estrellas de Hollywood y lo más importante:
ha conseguido que amemos aún más este oficio, que como él mismo dice, “puede ser
más divertido que un día de vacaciones“.
Patricia Tena
|