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A lo largo del siglo IV, el cristianismo pasa de ser perseguido por Roma a ser tolerado y, con el emperador Teodosio, se convierte en la religión del Estado. A finales del siglo se prohíben las manifestaciones públicas del culto pagano.
A la muerte Teodosio en 395, el Imperio Romano se divide entre sus hijos Arcadio y Honorio. En Occidente, Honorio cede el poder a Flavio Estilicón, militar de origen vándalo que desde su cuartel general en Milán hará frente a las invasiones bárbaras hasta su asesinato en 408. Entre ese año y 410, los visigodos asedian Roma tres veces y la saquean la última de ellas.
En este contexto se sitúa el relato, basado en hechos y personajes históricos, como el poeta Claudio Claudiano, el prefecto Adriano, el general Estilicón y el emperador Honorio. La acción se desarrolla en Roma entre el 5 y el 6 de julio del año 417.
La guardia pretoriana detiene a los asistentes a una velada privada en la que unos cómicos representan escenas de carácter pagano y en la que, aparentemente, se disponen a celebrar el sacrificio de unos gallos. La autoridad considera que ciertas prácticas paganas constituyen un atentado contra el Estado.
Adriano, romano de origen egipcio, se encarga de la acusación. A través de los recuerdos que despiertan en él algunos de los encausados, la autora nos transporta al ambiente opresivo impuesto por la nueva religión del Imperio, el fanatismo desplegado contra ciertas prácticas paganas, la descomposición del poder en Roma y las invasiones bárbaras.
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