JL Hidalgo (Registrado)
Nos hallamos ante un excelente libro-píldora, que por formato y tamaño podemos leer del tirón, aunque la enjundia y la profundidad de lo que trata y cómo lo trata invitan a leerlo y releerlo. Sinceramente, pocas veces ha pasado por mis manos algo que aúne belleza y profundidad en un conjunto tan homogéneo, sin estridencias por excesos formales o por pretenciosidad a la hora de exponer ciertos conceptos. Es cierto que la solapa nos habla de una novela y no debemos caer en el engaño, suponemos que desde la editorial pretenden que el potencial comprador no se asuste al ver que es una epístola, género absolutamente en desuso aunque parece que con visos de renacer, recordemos cómo están tan de actualidad las correspondencias de Rilke y de tantos otros autores casi decimonónicos.
En un discurso pues que va de menos a más en cuanto a su profundidad, arranca el libro con el comentario al poema escrito por Cesàrio, y las cuitas de éste, pues se halla en un momento de crisis personal y profesional, se siente profeta en el desierto, y Tiago le dice que la condición y la tribulación del verdadero poeta y por ende de todo artista y de toda persona avanzada a su tiempo, es precisamente esa, la soledad, el no reconocimiento, pues lo contrario, la fama es para él, sinónimo de falta de novedad, que es en el fondo de lo que trata el libro. De eso y de la dualidad de nuestra sociedad, de la contradicción que existe entre nuestros valores y sentimientos y los sociales y del daño que nos hacemos con ello.
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