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Delicioso librito (librito por su corto número de páginas y por su pequeño tamaño)
que supone toda una sorpresa para los lectores del autor de “Historias del Kronen”, acostumbrados
a otro tipo de argumentos y estilos. En esta ocasión y por primera vez,
Mañas nos muestra su
sensibilidad por el arte a través de unos ingeniosos y originales aforismos, deudores,
tal y como indica en el prólogo de autores como
La Rochefouchault,
De Vigny,
Valéry,
Antonio Machado o
Roger Wolfe.
Mañas cuenta en el prólogo
que conoció a Franciam Charlot en 1995 en Toulouse en medio de
una crisis literaria, y tras mostrarle sus cuadros le invitó a que realizara reflexiones
sobre los mismos. Tras varios encuentros y reflexiones, el resultado es el presente
libro que ahora da a conocer y que contiene citas tan interesantes como:
“Una obra de arte es siempre una excepción”
“El artista es un sujeto en perpetuo proceso de construcción”
“El arte es el refugio de la pasión, de la violencia, de todo lo que no se puede
expresar en una sociedad. Por eso los individuos más reprimidos suelen engendrar
a los artistas más feroces”.
Los aforismos van de lo más general (el artista, la creación artística) a lo particular,
la obra de Franciam Charlot, a quien
Mañas pone de ejemplo
de artista salvaje del siglo XXI, por su ausencia de concesiones a la hora de mostrar
el vacío personal del hombre contemporáneo a través de su personal mirada. Como
dice el autor:
“Resulta francamente inhabitual encontrarse con un alma en incandescencia, un sujeto
capaz de dotar a su obra de una tal intensidad dramática. Charlot es de la estirpe
de los Rothko. Un romántico, en el mejor sentido de la palabra. Sus cuadros son
una espectacular colección de “momentos”, un singular diario íntimo que relata,
para quien sepa escuchar, su biografía espiritual”.
“Nunca hemos estado en un mundo tan baldío. Nos mofamos de cualquier construcción
ideológica. Se desintegran los sistemas filosóficos. Estéticos. Políticos. Familiares.
Y en medio de tanta ruina, los monigotes de Franciam se me antojan la presencia
desamparada del hombre contemporáneo, una vez caídos todos los ídolos y todas las
máscaras”.
De la misma forma que Franciam,
Mañas recurre a sus
propias emociones para reflexionar sobre el mundo y el arte, y nos regala una delicatessen
que resultará de interés sobre todo a los aficionados a la pintura.
Jorge Borondo
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