Verónica Butler (Registrado)
La visión de los celos que plantea el escritor en esta novela es ácida, mordaz y a mí me dejó mal sabor de boca.
El protagonista, Felix Quinn, es un hombre a veces débil y con un punto de ternura y fragilidad poco común, al reconocer el amor enfermizo que siente por su esposa Marisa como una posesión de la que ni quiere ni puede escapar.
Al contrario de la mayoría de hombres celosos, él ama desde una perspectiva afianzada en la entrega absoluta, como refleja un pasaje de la novela donde dice que la belleza de su esposa tiene que ser ofrecida como una obra de arte a los hombres que deseen disfrutarla como el cuadro más valioso.
La espiral masoquista por la que Félix se deja arrastrar le hace anhelar cada instante en el que imagina las continuas infidelidades de su mujer, y cuando se vuelven reales, se convertirán en un éxtasis erótico para sus sentidos.
La envidia y admiración que siente por Marius, el amante de Marisa, en quien ve al depredador que Felix nunca llegará a ser, es contado con toques de sutil ironía inglesa, con descripciones como:
"Su rostro era un desastre ecológico, con los ojos de la ciudad perdida de la Atlántida...." La destreza literaria de Jacobson es agradable y detallada, pero también la novela tiene puntos negativos: a veces la obsesión y la continua reiteración de los celos del protagonista se hace lenta y pesada, cuesta seguir leyendo, salvo por la necesidad de saber cómo acabará esa relación.
Verónica Butler
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