Anika (Registrado)
A veces el lector tiene la impresión de que todo lo que lee sobre un autor es precisamente “lo que le gusta” y queda plenamente satisfecho con lo leído. Esto es lo que me sucede a mí con Albert Sánchez Piñol. Sus relatos, poco importa si son realistas o fantásticos, me convencen de principio a fin, y es que me creo sus personajes aunque se traten de una cebra o un espantapájaros. Al final, lo que queda en cada una de sus narraciones breves, es el fondo, una especie de moraleja en ocasiones y un repaso a la condición humana en otros donde nos sorprende cómo se puede actuar en según qué situaciones, desde las más naturales hasta las más oníricas, haciéndote ver que ningún relato es gratuito.
Albert Sánchez Piñol no abandona la fantasía en “Trece Tristes Trances”, está presente en muchos de sus relatos: un armario que se traga a una prostituta, un espantapájaros con sentimientos humanos, unos habitantes de otro planeta que acaban adaptándose incluso biológicamente a otro… y a veces, aunque parezca increíble porque prima el drama, con un agudo sentido del humor (un ejemplo visible es el final de “La solidaridad que vino de las estrellas”) que roza el humor negro en ocasiones (por ejemplo, en “La nave de los locos”).
La mayoría de los relatos son muy cortitos, y no hay uno solo que no me haya gustado. Personalmente recomendaría “Trece Tristes Trances” a cualquier lector, e incluso lo aconsejaría a los que les gusta poco leer, para que aprecien en poquitas páginas grandes historias.
|