David Gil
Si esa primera parte del argumento os parece absurda, esperar a leer el resto. Lo que os podais imaginar y un poco más. Precisamente por eso es de los argumentos que más aprecio de la narrativa española. Pero poco importa; Luis Martín-Santos no es un escritor al que le obsesione mucho el argumento, más bién es una excusa que utiliza para escribir todo lo que se le ocurre en un sólo libro. Como en aquella época se puso de moda la experimentación, y cuanta más mejor, el amigo Luis se frotó las manos y dijo: ésta es la mía. Conste que yo aprecio mucho cualquier experimento, sobre todo cuando funciona y deja de serlo. En esta novela tenemos para elegir: narradores de todas las clases y colores, registros narrativos varios, innovaciones estilísticas, miniensayos intercalados, estructuras originales y otras cosas que no sé ni cómo definir. Algunos le salen muy bien como algunos monólogos de diversos persona jes, algunos capítulos especialmente inspirados y otros, por lo menos a mí, me resultan indigeribles.
A todo esto, no he dicho de qué va el libro. De España, de la miseria, de lo de siempre. De eso y de la situación del ciudadano que se ve engullido por una realidad que le puede, entre otras cosas por su imbecilidad. El estilo que utiliza para ello es duro y sarcástico hasta la saciedad, no se libra nadie, desde los más pobres y humildes hasta los ricachones prepotentes todos reciben en cantidad. Tanto es así que no se libra ni el lector. Desde el principio te toma por idiota profundo, es algo así como: mira imbécil lo que es la realidad, que tú no tienes ni idea. Los detalles más obvios te los señala y te los repite hasta estar seguro que, por muy tonto que tú seas, no te quedas sin verlos. Como veis esta parte del estilo de Martín-Santos me resulta de lo más simpática. Pero no acaba ahí la cosa. Martín-Santos es seguidor de Joyce y al mismo tiempo español y de tendencia Quevedesca: combinación explosiva que origina un barroquismo desatado (hay frases kilométricas) que arrastra a nuestro personaje por todos los mundos y submundos de Madrid dando buena cuenta de cada uno de ellos. Una novela para quien disfrute de la literatura realista española en su lado más pedante, sarcástico y altisonante. Para los que no (como es mi caso) también merece la pena leerlo, aunque sólo sea una vez, porque, ya digo, el libro tiene de todo un poco y seguro que podeis encontrar muchos detalles interesantes y alguno que otro que roza la genialidad.
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