Hannaichimomme
Después de ver la película "El cuerpo" tomada del libro de Richard Ben Sapir, supongo que leer el libro resultará más
interesante. Me apasiona el tema porque la conjetura de "Cristo muerto, corroborado por el hallazgo de su cuerpo" se presta para
una encrucijada de preguntas en torno al sentido de la creencia de la resurrección que fundamenta todo el edificio gigantesco del
Cristianismo y el Catolicismo.
San Pablo decía "si Cristo no resucitó, vana es nuestra fé". La mayor parte de las ideologías y religiones han caído en el
fanatismo y sobretodo en una mentira que al hiperbolizarse no da lugar al retroceso porque se recrea un juego de intereses
creados que me recuerda al escritor español Jacinto Benavente. Cuando las posibilidades de aferrarse a una verdad
incuestionable se fisuran, el agobio, la desnudez y el sin sentido se hacen presentes para cerrar todos los horizontes con el
suicidio o el existencialismo. Sin embargo si se sigue el otro camino, el de "la verdad os hará libres", el de caminante no hay
camino pero se hace camino al andar de Machado, entonces se debe enfrentar el reto de reconstruir la historia, la cotidianidad,
el sentido de la búsqueda sin respuestas satisfechas y el sendero de una esperanza, jamás construida sobre premios de
resurrecciones o sobre castigos en infiernos medievales.
Es importante para pregonar un nuevo paradigma, ¿corroborarlo con experimentos o con milagros? La solidez epistemológica,
lógica, no falsable, contextual y la consensualidad provisional de los científicos, implica una nueva manera de enfrentar el
conocimiento, la convivencia, las relaciones de género, la tolerancia étnica, racial y cultural.
Me gustan las películas donde se pierde el piso, donde "todo lo sólido se desvanece en el aire (Marx)", donde los tigres se
vuelven de papel así sea a manos de terroristas que nos obligan a replantear todas nuestras falsas verdades, el desequilibrio
entre naciones, la globalización, las relaciones desconcertantes frente a las nuevas mujeres, los roles del hombre frente a la
ternura, la cotidianidad y el descubrimiento de sus debilidades enmascaradas.
Si Jesús no fue hijo de Dios, sino resucitó y murió como cualquiera habría que reconocerle que se percató desde su época
del gen egoista de Richard Dawkins, de la selectividad de las especies de Darwin que te obliga a ser depredador para no ser la
presa y que frente a todo el egoismo visualizado en las experiencias de supervivencia (expedición Robinson en el canal de
televisión Caracol de Colombia) se requiere del amaos los unos a los otros, del altruismo, de reciprocidad en la diferencia,
incluso de la prudencia de la que habla el filosofo español Savater para poder llevar una vida planetaria autosostenible.
¿Hacen falta los milagros para generar la evidencia de la convivencia? En esta época de desinformación total donde el malo es
el otro y la guerra se justifica como mal menor necesario pero sin decir que es parte del negocio de las armas etc, cabe pensar
que muchos imperios como el nazismo, el stalinismo y las religiones de corte machista y patriarcal han generado jugosas
divisas, brujas quemadas y estructuras sofocantes que repugnan al espíritu humano circundado por tautologías que repiten los
engaños y los errores humanos.
Un nuevo sentido de significación para la existencia plantea la indagación honesta, libre de prejuicios, de componendas
económicas, de manipulación de la conciencia. Reconocer que no hay explicaciones para todo porque nuestro límite demarca la
condición humana y seguir buscando sin hacer promesas porque la respuesta puede ser simplemente el descubrimiento de un
error: un cuerpo.
hannaichimomme@hotmail.com.
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