Francisco Javier Illán Vivas (Registrado)
Quizás sea cierto que los destinos de los reinos, incluso de los imperios, dependan de las decisiones de una o dos personas que, muchas veces en la sombra, contemplan con delectación cómo sus peones, que somos todos, se mueven a su antojo. Mientras leía Testamentvm me vino a la memoria una escena de la película El reino de los cielos, aquella donde la hermana del rey Balduino le espeta al protagonista que cómo osaba contradecir a un rey, y que muchas veces había que perpetrar un mal menor para alcanzar un bien mayor.
Esta novela, planteada sobre la base de que algunas crónicas dejaban constancia de la existencia del testamento del rey Enrique IV de Castilla, nos traslada al año 1475, para vivir una conjura ideada por un enigmático personaje, un misterio que resolver desvelando las claves que lleven al testamento y una encarnizada lucha por el poder que decidirá el destino de España y, sin lugar a dudas, el del mundo, pues el autor nos acerca con precisión a los momentos en que Isabel la Católica se enfrenta a su sobrina Juana de Castilla por el trono y, con él, el de toda España.
Y, como decía, muchas veces se debe perpetrar un mal menor, posiblemente hacer desaparecer el testamento de un rey, para alcanzar un bien mayor, la subida al trono de Isabel la Católica. Este es el hilo conductor de un episodio histórico cuya verdad, como podemos leer en la portada de la novela, permanece oculta y es en este brumoso escenario donde José Guadalajara se mueve como si los hechos pudiesen consultarse en Internet, como si hubiesen ocurrido hace apenas unos días.
Una novela con un reducido número de personajes principales, rodeados, como si de una corte real se tratase, de otros menores cuya importancia en la trama puede ser simplemente haber pronunciado una palabra o aguardar en una callejuela oscura a que pase algún hombre con el que apagar el volcán que arde entre sus piernas, o, para un final sorprendente, haber recibido los insultos y golpes del inevitable Ruffinato para llevarle a una muerte que ni todos los soldados del marqués de Villena pudieron ni siquiera sospechar.
Como os digo, una interesante mezcla de personajes reales e imaginarios, el misterio de unas claves por resolver, la conjura planteada por el oscuro Febus para hacer desaparecer el testamento del rey de Castilla, los entresijos de la corte, tanto de Castilla como de Portugal, y el estamento eclesiástico revoloteando como buitres, como sólo podía ser en aquellos convulsos momentos anteriores a convertir a España en un Imperio Universal.
No sé si, como dice en la contraportada la profesora Teresa Jiménez Calvente, es una de las mejores novelas históricas que se hayan publicado en España, pero es una novela que recomiendo sin ningún temor. Si os gusta la novela histórica, leedla. Si no habéis leído nada de ese género, es la apropiada para comenzar.
Francisco Javier Illán Vivas
|