Manel Sparks (Registrado)
Y ante este abanico de perspectivas, nos metemos en un mundo extraño, que supera los límites perceptibles y nos empuja a sucumbir en las costras de lava volcánica, a pasearnos por cementerios y tañidos de campanas, a toparnos con aparecidos y con desaparecidos. Hay mucho de surrealismo, ya lo apuntaba antes, el poemario está plagado de imágenes que se van fundiendo las unas con las otras para formar un todo unitario al final del libro donde comprendemos toda la dimensión poética de "Terraria". Y que nadie se extrañe si se acerca a una librería y al abrir este poemario se encuentra con textos en prosa, porque precisamente es de lo que se trata: unos excelentes poemas en prosa.
"Terraria" nos hace referencia a esos espacios secos del Sur, como del Sur es la desesperación y la muerte. Pero no nos engañemos, estamos ante una muerte tergiversada y enigmática, que anda trastocándolo todo, borrando playas y gentes, descolocando caminos, pero no llevándose nada consigo porque es capaz incluso de desenterrar a los muertos. La muerte, aquí, simplemente aturde. Que quede claro que no estamos ante una poesía meramente descriptiva o alusiva con metáforas de almacén. Es mucho más: es la necesidad de escribir unos sentimientos e inquietudes que durante tanto tiempo han recorrido la mente del poeta. Adentrarnos pues en "Terraria" es entrar en un juego de muñecas rusas: entramos en la necesidad vital del yo poético, que a su vez pasa por el espacio y el tiempo de los cuadros de Alechinsky y que erupciona, como un volcán, en las tierras del Sur, las de Lanzarote. No resulta extraño que el jurado del I Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere le haya dado el galardón a este poemario. Se disfruta tanto leyendo como imaginando esos extraños y a la vez necesarios terrenos que plagan el viaje poético que hacemos al leer "Terraria".
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