Fernando Martínez Gimeno (Registrado)
A lo largo de la vida lectora son miles los libros que pasan por delante de nuestros ojos. Unos nos llaman a coger el libro y darle una oportunidad, otros, tras leer el libro nos preguntamos a qué vino ese nombre, y unos cuantos son muy acertados en cuanto a la relación entre título y contenido. Quizá con Tangram lo que hacemos es un juego lector / escritor, y aprovechando el símil que me proporciona el desarrollo del juego chino, diré que así es. A modo de piezas del juego, Juan Carlos nos ofrece siete capítulos independientes entre sí, diferentes en cuanto a forma, como las piezas que tiene el Tangram, pero a la vez tienen contacto entre ellos, a través de las aristas, que en este caso son pequeños apuntes que interseccionan cada uno de los capítulos. Seguramente el término fix up sería muy adecuado para señalar de alguna forma qué es Tangram, si se quiere ser más académico. Los relatos son tranquilos, calmados, no tienen estridencias ya que no necesitan de ellas, se deslizan por los párrafos como agua en calma, y con finales adecuados y sin necesidad de fuegos de artificio que puedan esconder posibles defectos de lo que hay con anterioridad. Y todos y cada uno de ellos contados con maestría, y que hacen que el lector se imbuya en ellos. Cada cual tendrá su favorito, como suele pasar con toda colección de relatos que se precie, en este caso, y como señalé hace unos días, para mí esa historia que se queda en el recuerdo y que siempre se tiene presente al hablar de Tangram sería la del asesino madrileño que viaja a Islandia, y que lleva por título El síndrome de Reikiavik, porque lee que allí hay un índice de criminalidad muy bajo, y allá que se marcha a dar rienda suelta a sus instintos. No me olvido de otros dos más, el cuadrado que abre libro, El sótano, con una atmósfera muy lograda y que resulta asfixiante. Y me quedo también con el de Un millón de libras, que tiene el airecillo de esas buenas películas de atracos perfectos y botines escondidos. Conocido por referencias el buen hacer de Juan Carlos Márquez con sus anteriores proyectos relateros, no me queda sino certificarlo en esta su primera novela, y que como siempre se dice, que tengamos la siguiente lo más pronto posible, aunque lo bueno siempre se hace esperar. Fernando Martínez Gimeno
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