Leonor
Eliot se las arregla para retratar vívidamente las costumbres y la mentalidad de la Inglaterra más rural, mientras que explora temas como el amor, la naturaleza de la felicidad o la estratificación social; todo ello en una novela que es relativamente corta para tanta hondura, pero en la que no hay ni una sola palabra dejada al azar, todo tiene una razón de ser en esta historia. Mención aparte merece la excepcional creación de personajes que realiza la autora, regalándonos unos tipos complejos en su sencillez y una ventanita para asomarnos a sus almas.
El libro se lee de un tirón, es entretenido, divertido en ocasiones (hay una escena en la taberna que parece sacada de una comedia inglesa de los años 30 o 40), intrigante en otras y conmovedor casi siempre. Y además está muy, muy bien escrito, así que lo recomiendo con entusiasmo.
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