Francisco Javier Illán Vivas (Registrado)
Este libro comienza con unas advertencias que bien podrían aplicarse al mundo de
hoy, al que estamos viviendo en este momento, cuando nuestro futuro como humanidad
peligra: La corrupción del mundo así nos lo muestra y enseña: cada día se extienden
más los escándalos; las enfermedades y plagas nos persiguen y torturan; los desórdenes
de la naturaleza nos sorprenden; crece la impiedad y desvergüenza entre la clerecía;
y el hombre se hace más cruel y desprecia los bienes del cielo... Se levantará nación
contra nación y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares,
pero todo es el comienzo de los dolores. Y, os aseguro que tan convencido
estaba de que esa profecía, y las palabras de San Mateo, estaban dedicadas al siglo
XXI, que necesité consultarlo con el propio autor para que me sacase de mi confusión.
¡Cuánto se parece al tiempo que vivimos y que nos toca vivir!
Pero no es ésta una novela de cataclismos, de análisis de la decadencia humana,
no. Es una novela histórica, centrada en el siglo XV, entre los últimos días del
reinado de Enrique III y el reinado de Juan II, cuando los predicciones de
San Vicente Ferrer atemorizaron a un
orbe que esperaba la venida del Anticristo y la proximidad del fin del mundo, algo
que se convirtió en una auténtica obsesión en aquellos tiempos.
En ese marco histórico,
José Guadalajara nos sorprende con otra
trama ficticia: junto al testamento del rey Enrique se encuentra una esfera dibujada
en un pergamino, que no debe ser leído antes del 25 de diciembre de 1454. Se desencadenarán
entonces una serie de sangrientos asesinatos que alcanzan a personas que estuvieron
muy cercanas al difunto rey, unos asesinatos sobre los que pende el más pesado de
los silencios, más que la lápida de una tumba.
Un mundo, como lo define uno de los protagonistas, lleno cada vez más de ridículos
profetas, donde el protagonista, conocerá, gracias al impulso de su tío
Juan Martínez, los entresijos del poder, las rivalidades por conservarlo o expulsar
a los adversarios, los deseos de preeminencia y los
constantes intentos de los nobles de no alejarse demasiado
de un monarca que irá creciendo, a la sombra de Álvaro de Luna,
mientras transcurre la acción de la novela. Juan Unay pasará de escribiente en el
Concejo de Toledo a escribano de la reina Catalina, y después de su hijo, Juan,
para terminar en el convento franciscano de Sancti Spiritus.
Y una bellísima historia de amor, recordada siempre por Juan Unay: nunca, a pesar
del tiempo transcurrido, se había llegado a apagar de mi corazón la sed de amor
y deseo que había sentido hacia aquella mujer única y sorprendente. Fue
para él, Leonor, el amor que siempre se busca y que sólo una vez en la vida se encuentra.
Pero un terrible final le aguardaba...
Contada en primera persona,
José Guadalajara nos lleva hacia delante
y hacia atrás en el tiempo narrativo, mientras acompañamos al protagonista en su
peligrosa búsqueda del significado del mensaje de la
esfera, sin dejar de proporcionarnos
pequeños detalles sobre las costumbres del pueblo llano, pero también de la nobleza,
en aquellos oscuros años de la
Edad Media.
Francisco Javier Illán Vivas
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