Manuel Márquez (Registrado)
Si hay algo que David Trueba ha acreditado en su no demasiado
extensa trayectoria como cineasta, es su querencia por recalcar su condición de
narrador, de autor que cuenta historias, y que otorga indudable primacía al relato
sobre sus formas. No puede resultar, pues, extraño que, desde tales premisas creativas,
surja una voz literaria de cierta solvencia. Esta su tercera novela,
Saber perder,
así viene a confirmarlo.
Y es que Saber perder, aunque no alcance
cotas de excelencia narrativa (que tampoco, probablemente, pretende, dado que
Trueba se mueve en territorios de cercanía y sencillez, más que
en el ámbito de grandes principios e idearios que necesiten el soporte de una retórica
más alambicada), sí que constituye un buen ejemplo de narración ágil, solvente,
entretenida sin que ello comporte una renuncia a la posibilidad de inducir reflexiones
y sentimientos que van más allá de la estricta literalidad de lo narrado.
El lenguaje y las estructuras formales que
Trueba pone en solfa para elaborar su
historia huyen de toda artificiosidad y reivindican la sencillez y la frescura como
herramientas sobre las que basar el modo narrativo. Acierto indudable, dado que
con ello contrarresta lo que, de otra manera y bajo otros parámetros estilísticos,
hubiera podido convertirse en una disertación sesuda poco apta para una degustación
agradable.
En suma, una propuesta estimulante y atractiva, en la que tenemos la ocasión de
recorrer
mundos paralelos y tremendamente distantes
—en lo económico, en lo moral, en lo afectivo—, pero que cohabitan, todos ellos,
en nuestro mismo mundo: éste que tenemos aquí al lado, todos los días, cotidiano,
banal, tan sin misterio aparente.
Trueba nos los desvela, nos los muestra,
con una mirada tan limpia como poco complaciente. Mérito suyo es.
Manuel Márquez
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