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Maddy
Smith nació con una marca en la mano en forma de runa. Para los aldeanos de Malbry,
las runas son símbolos mágicos de la Era Antigua y la magia, “cosa del demonio”.
Por eso, todos piensan que Maddy nació con la “sangre sucia” por lo que la niña
llega a los siete años marginada del resto del pueblo, solitaria, sin amigos y absolutamente
convencida de ser una bruja.
El único que parece interesarse y preocuparse por ella es un comerciante ambulante
apodado El Tuerto, un Bárbaro muy sabio que valora positivamente los poderes mágicos
de la pequeña bruja. El Tuerto narra a la niña antiguas leyendas de los Dioses de
la Era Antigua (Odín, Tor, Loki, etc.) y la ilustra detalladamente sobre la geografía
de los Nueve Mundos estimulando en ella su interés por la magia. Así, Maddy memoriza
canciones y lenguas extranjeras, tradiciones populares sobre medicina y plantas,
la carta celeste y los mapas… pero sobre todo aprende a tallar, leer e utilizar
el poder mágico de las runas.
Todo esto le ayuda a desarrollar sus poderes mágicos… aunque no lo suficiente todavía.
Sin embargo, El Tuerto piensa en ella para llevar a cabo una peligrosa e inquietante
misión: Maddy debe bajar al Trasmundo – reino del Pueblo de la Montaña, trasgos,
trols y enanos - para poder recuperar El Susurrante, una reliquia de la Era Antigua.
· ¿Cómo se escribió “Runemarks (Runas)”?
Joanne Harris escribió la primera versión no publicada de Runemarks
a los diecinueve años. Se trataba de una extensa novela con ilustraciones llamada
Witchlight pero que fue rechazada por todos los editores a los cuales envío
el manuscrito debido a su longitud, su complejidad y a la oscuridad de sus imágenes.
Así Witchlight compartía con Runemarks muchas similitudes. La
acción transcurría en el mismo lugar, el valle del Strond. Su heroína también se
llamaba Maddy que tenía una hermana llamada Mae, un duende amigo y la mayor parte
de la acción transcurría en el Trasmundo. Sin embargo, el origen de la historia
se remonta a muchos años antes.
Cuando
Joanne Harris era una cría se pasaba las horas de clase dibujando
pequeñas historias a modo de
comics en los márgenes de sus libros.
Estas historietas estaban protagonizadas por dioses nórdicos. Y es que a la pequeña
Joanne siempre le motivó mucho la
mitología. Comenzó con los griegos y
los romanos, sin embargo fueron las leyendas nórdicas la que de alguna manera le
provocaron mayor interés ya que eran divertidas y a la vez trágicas, mágicas pero
a también tremendamente humanas. El único problema era que a Joanne le parecía que
en comparación con otras culturas había muy pocas historias escritas sobre los dioses
nórdicos y las pocas que existían se encontraban en mejor de los casos, incompletas,
y en el peor, muy distorsionadas. Así que la solución era bien sencilla: ella se
encargaría de escribirlas. Y así lo hizo, escogió los dioses que más le gustaban
del panteón nórdico y comenzó a contar su propia versión de las historias protagonizadas
por ellos. El material original era lo suficientemente pobre o escaso como para
permitir dar rienda suelta a su imaginación, llegando a escribir cientos de aventuras
- muchas de ellos en forma de cómic-strip - en una serie de cuadernos escolares.
En estas primeras versiones, Loki era un joven que tenía muchos puntos en común
con Bart Simpson aún por venir; Frigg era muy gordo, Balder el Hermoso, calvo; Idun,
un tipo de chica hippie New Age y Thor, enorme, con barba y no
muy brillante.
Todos estos elementos aparecían recogidos en Witchlight, pero ante las
constantes negativas de los editores, el manuscrito término guardando polvo en un
cajón.
Pero hace cuatro o cinco años, se le ocurrió sacarlo de nuevo a luz para leérselo
en voz alta a su hija, Anouchka. La cría, de catorce años, estaba entusiasmada con
la historia por lo que Joanne Harris decidió volver a escribir la
novela de nuevo. Durante el proceso de creación de Runemarks, le iba leyendo
a Anouchka cada capítulo nuevo que iba a escribiendo y ésta le daba o no su aprobación,
por lo que podemos decir que prácticamente realizaron la narración al alimón. Así,
Harris escribió esta novela durante los ratos libres que le dejaban sus libros para
adultos y fue un auténtico secreto entre su hija y ella.
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