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Quien espere unas historias de playas paradisíacas con bellas mujeres (hombres) bailando y suaves
atardeceres al arrullo del dulce sonido del mar: que espere sentado. Estos cuentos son narraciones
duras, sin concesiones; de hombres y mujeres fuertes y sufridos incluso despiadados, que luchan
contra sus semejantes o contra la naturaleza viva y salvaje (tal y como es... o era). Belleza sí la
hay, pero es esa que existe en todas las cosas vivas, salvajes y vírgenes; en todos esos sitios
donde quiso estar Jack London.
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