Francisco Javier Illán Vivas (Registrado)
Mi amigo
Luis Alberto de Cuenca declaraba hace
unas fechas (26 de julio de 2008), respecto a los libros de su enorme biblioteca
personal, que “nunca los firmo, ni los sello, ni hago anotaciones, porque los libros
no tienen dueño, son de todos; ahora están aquí, pero acabarán en otro sitio, donde
sea”. Quienes me conocen saben del respeto que me ha merecido su opinión
desde el primer día en que nos carteamos y que él llamó a casa para comentarme unas
cosas, pero yo sí tomo anotaciones, escribo en los libros o subrayo aquellos apartados
que me parecen interesantes, que pueda encontrar de un vistazo cuando, no se sabe,
necesite esa cita, ese párrafo, aquello que leí.
Porque el escritor debe leer mucho, la lectura de otros es como el afluente del
río de la creación. No concibo escribir si no es leyendo mucho. Goethe
decía que es el momento de apilar leña, que se iría secando y, en su momento, arderá
dando el impulso creativo. Y en este libro, en esta biografía novelada, en esta
novela de amores imposibles y posibles, de amores eternos, de desengaños y de rapidez,
sobre todo de rapidez, he tomado muchas notas. He subrayado en verde, en amarillo,
en rosa y en azul, con rotuladores fosforescentes, para poder encontrar en su momento
citas que seguro necesitaré.
Así de interesante, necesaria más bien, me parece esta obra de
Javier Márquez que, sin ser un tratado,
permite una lectura amenísima, muchas veces casi una intriga novelística que te
impide dejar la lectura. ¡Y todos sabemos el final, pues los personajes han fallecido!
Pero, qué queréis que os diga, si no subrayo no podré echar mano de esta frase de
Ava Gardner: “¿dónde ha ido a parar el tiempo? Siempre creí que tendríamos más tiempo.”,
en su conversación telefónica con Frank Sinatra. O esta otra confesión de Dean Martin,
“cuando me vaya, Frank y Joey serán los únicos que quedarán. Luego ellos serán los
próximos y estaremos juntos de nuevo... ¡Maldita sea! Entonces sí que vamos a pasarlo
bien.”
Un libro como este lleva, estoy convencido, meses y meses de trabajo, de recopilar
datos, de no leer otra cosa que no sean las aventuras del Rat Pack, de
cada uno en particular, y de todos en general. Saber quién es Dean Martin, Sammy
Davis Jr, Peter Lawford, Joey Bishop y Frank Sinatra, sobre todo Martin, Davis y
Sinatra, pero también Ava, Shirley,
Marilyn, de Lewis, de Kennedy, de Jacqueline,
de... y las conexiones de una vida dedicada al espectáculo en un mundo que dominaban
las mafias, y que supongo, sigue haciéndolo, si nos atenemos a lo que podemos ver
las series televisivas CSI y Las Vegas.
Me ha agradado mucho la lectura de esta biografía, escrita como si fuese una novela.
Porque muchas e imperdonables etapas de los protagonistas han sido tratadas con
respeto y, personalmente, en este momento de la vida, me quedo con la música y con las películas
de estos personajes. Cuando, a finales de julio, leía la última parte del libro,
escuchando Romance de Sinatra, al atardecer, poco me importaban sus relaciones
con Giancana o con la Cosa Nostra, o las aventuras de Davis en busca de nuevas experiencias,
o el ahínco destructor de Martin en sus últimos años.
Sólo la música. Fue como recuperar París.
Francisco Javier Illán Vivas
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