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Ficha realizada por Enrique Planas

PERDER EL TIEMPO
(Perder el tiempo)
Ricardo Mendoza

Editorial Borrador Editores
Edición, octubre 2006
Género: Novela
ISBN: 9972289508
98 Páginas

Argumento

Lima, entre neblinas tempranas y vivencias recurrentes. Capital de un país tercermundista, atrasado, tradicionalista y sin oportunidades. Aquel es el mundo que le toca vivir a Sebastián Rodríquez Jiménez, joven de una clase media inexistente. Acostumbrado a la ausencia de sueños, recorre sonámbulo por calles y barrios grises, en un constante desencuentro consigo mismo.

De esta búsqueda frustrada de respuestas simples nos habla la primera novela de Ricardo Mendoza. Su prosa directa, delinea en trazos nostálgicos la urbe de una generación marcada por la crisis y la falta de ideales.

Novela de aprendizaje que tiene la virtud de omitir los detalles narrativos irrelevantes, en pro de una agilidad y consistencia que retratan sin veladuras la condición de desarraigo y soledad en la que han crecido los jóvenes de una clase media limeña, que ya no existe.
 



Comentarios

Enrique Planas

Un escritor como el catalán Eduardo Mendoza, tenía una frase muy sencilla para definir lo que era la novela. Utilizo a Eduardo Mendoza porque creo que no existen las coincidencias para hablar de Ricardo Mendoza, él decía que la novela es simplemente el paso del tiempo por un determinado espacio personal. Claro, es una de esas definiciones breves, al vuelo, rapidísimas; que parecen brillantes pero que después te hacen preguntar: ¿qué ha querido decir con esto?

Perder el tiempo (Borrador Editores 2006) es una prueba fantástica de esa sabiduría de anciano, porque es el paso de 10 años en la vida de Sebastián Rodríguez Jiménez y son 10 años determinantes. Son años que unen el comienzo del asombro, de las expectativas de quien ha terminado el colegio y que forma parte del grupo de los sub-empleados, después de seguir una carrera universitaria. ¿Qué ha sucedido en ese tiempo? ¿Qué ha sucedido en todo un conjunto de experiencias, de frustraciones, de pasiones, de dolor, de entusiasmo?

Se podría decir que pasarían muchísimas cosas, pero en Perder el tiempo, no pasa nada. Nada físico. Sebastián no hace nada, es decir, si ingresa a la universidad es porque lo obligan, si va a su graduación es por hacerle un favor a su madre. Realmente, es un personaje que si uno lo mira desde fuera y con cierta superficialidad, diría que es un pusilánime, alguien con demasiado miedo para hacer las cosas.

Sin embargo, las novelas no solo son construcciones en las que pasan cosas. Tenemos dos tipos de acción en una novela: la física y la psicológica. Cuando digo que aquí no pasa nada, me estoy refiriendo a las acciones de tipo físico. Si buscan en esta novela carros que vuelan, hombres que suban montañas o épicas gloriosas no van a encontrar nada de ello, lo que encontrarán es la cabeza de un personaje y muchas cosas que pasan por esa cabeza, acciones psicológicas.

¿Y qué sucede en la cabeza de Sebastián Rodríguez Jiménez? Pasa, primero, esta fascinación, obsesión, relación platónica, acercamientos, flirteos, consumación sexual; después alejamiento, pérdida y otra vez encuentro con un personaje llamado Karen. Personaje, que es como él, una criatura arrojada al mundo quizás demasiado pronto, una mercadería “defectuosa” podría decir alguien que tenga una visión comercial de la vida. Ya que ofrece a los hombres que seduce espontaneidad, belleza; y esconde una familia totalmente destruida, un padre que la acosa, una madre que prefiere vivir fuera de casa por las noches, etcétera.

Pasan también los miedos, la extraña relación con su padre porque ambos se odian pero ambos se parecen muchísimo, pasa el dolor de la ausencia, pasa el desencuentro con su madre; pasan tantas cosas por la cabeza de Sebastián que uno como lector no puede dejar de sentirse conmovido con este personaje. Eso hace que esta novela no sea la típica novela urbana que contaminó tanto la literatura de los años 90 (cuando la leí se me cayeron muchos prejuicios), con la historia del típico muchacho cínico que le gusta golpear a las mujeres y que cuando sube a un auto tiene una pistola en la guantera.

Esta es una novela urbana, obviamente, pero hay algo que diferencia a Sebastián de cualquier héroe penderete urbano al que nos hemos acostumbrado. Si hay valor en esta novela, si hay honestidad, si hay una conciencia de un autor que quiere decir algo es porque, en Perder el tiempo, la provocación no tiene que ver con poner drogas, con poner tragos, con poner palabras disonantes (a pesar de tenerlas presentes); si no porque Ricardo Mendoza coloca al personaje en una muy peligrosa precariedad emocional. Nos comparte esa precariedad emocional y hace que nosotros nos identifiquemos con ella, y no solo eso, si no que dicha precariedad tiene que ver también con la capacidad de escuchar al otro.

Sebastián Rodríguez es un personaje que, como pocos en la novela peruana última, escucha a los demás. Generalmente, estamos un poco hartos de los personajes que hacen cosas, que hablan mucho y que dirigen la acción, este personaje no hace nada pero escucha a los demás. Si hay una frase que me deja mal en esta novela es cuando Karen le escribe en una carta: …espero que no hayas perdido esa capacidad que tenías para escuchar que es la que más recuerdo y extraño de ti. La identidad masculina de Sebastián muestra esa sensibilidad, y es una enseñanza que buena parte de los escritores de mi generación debería asumir.

Otro tema en la novela es esa idea punk del “no futuro”. Desde que el grito punk se extiende a partir de la música y tiñe todas las creaciones culturales, siempre nos encontramos con personajes que gritan por esta necesidad de encontrarse un futuro. Lo curioso es que en Perder el tiempo no existe el futuro, pero los personajes no gritan, es decir, no les interesa el futuro. Es algo que me perturba y que no deja también de ser un tema para discutirlo, la sensación de personajes en los cuales el grito de “no futuro” no es una pelea por reivindicar, por exigir un futuro para los jóvenes; sino es una constatación de que los jóvenes han optado por sentarse y esperar.

Algo criticable en la novela sería el uso y, a veces, abuso de la elipsis. Hay momentos en los que Ricardo Mendoza logra resultados notables con el manejo de este recurso, pero otras veces deja al lector con ganas de seguir leyendo, reclamando un poco más. Esta que vendría a ser una crítica es, al mismo tiempo, un listado de expectativas para la siguiente obra.

Perder el tiempo engancha desde la primera página, uno quiere saber cómo diablos será el gran triunfo o la gran derrota de aquel personaje. Felizmente no ofrece finales consabidos, ni busca finales sorpresa, mucho menos concesiones. Es una novela orgánica, honesta y tiene algo que cautiva: no tiene grandes historias, tiene grandes personajes. Tiene un gran personaje que es Sebastián Rodríguez Jiménez, sus apellidos quizás no digan mucho (podría ser Juan Pérez o García Pérez), pero es un personaje que enternece y eso se celebra y agradece mucho.

Perder el tiempo se puede adquirir por Internet en:

http://www.perubookstore.com/cgi-bin/perubookstore/store.cgi?action=link&sku=LP489

http://www.librosperuanos.com/detalle.php?tema=&id_tema=&subtema=&id_subtema=&id_libros=7948&precio=20.00&autor=Mendoza,%20Ricardo.&id_editorial=75&cur_page=&autor2=ok&editor2=ok

Enrique Planas (Lima, 1970) inició su carrera literaria en 1996 con Orquídeas Del Paraíso. Luego, vendrían las novelas Alrededor De Alicia (1999) y Puesta En Escena (2002). Actualmente trabaja como periodista en el Diario “El Comercio” de Lima, Perú.
 

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