Joseph B. Macgregor (Registrado)
Este es un libro muy bonito de leer: tiene unas ilustraciones realmente preciosas,
llenas de colorido y en la que se evidencia la enorme imaginación de Petra Mathers
a la hora de apoyar con imágenes el texto de
Sara Pennypacker, ya que éstas lo complementan
de manera inteligente y muy adecuada. En ese sentido, hay un especial cuidado a
la hora de representar los paisajes o los marcos escénicos en donde se desarrolla
la acción, con un gusto exquisito por el pequeño detalle simpático o divertido,
que dibujará con facilidad una sonrisa en el rostro del pequeño lector. Además,
si el crío lee este libro en compañía de un adulto, éste le podrá hacer preguntas
sobre los múltiples detalles que aparecen en cada una de ellas y así el niño podrá
enriquecer la narración con sus respuestas, dejando volar su imaginación y añadiendo
cosas de su propia cosecha al texto; es decir, podremos desarrollar la lectura comprensiva
del pequeño gracias a la cantidad de sugerencias visuales que apoyan la narración.
El diseño de los dos personajes protagonistas -un ratón larguirucho y bigotudo y una conejita
de figura estilizada, muy dulce y siempre sonriente- me parece otro acierto ya que
son dos seres con los que al niño le resultará fácil encariñarse, muy atractivos
también para las edades a las que el cuento va dirigida (a partir de seis años).
La historia escrita por
Sara Pennypacker es muy sencilla, fácil
de leer y entender y posee además una buena dosis de suspense, que aparte está muy
bien llevado. El pequeño lector, sin duda, se sentirá sin duda enganchado, desde
las primeras páginas, con la intriga de si Pedro conseguirá al final declararle
su amor a Carolina.
Lo que más me gusta es que es un cuento sin moraleja; es decir: no se puede sacar
una conclusión ética o moral del mismo. Simplemente es entretenida, divertida, tierna
e incluso emocionante. Pienso además que a estas edades no sólo hay que desarrollar
la inteligencia lógica, sino también la emocional. En ese sentido, este libro es
muy aconsejable para que el niño descubra que la lectura no sólo sirve para entretenerse
sino para que se percate también de que un libro le puede trasmitir sentimientos
como la ternura, la emoción, la intriga o la empatía o que puede servirle para dejar
volar la imaginación. De igual modo, la belleza de las ilustraciones puede desarrollar
en el pequeño lector el gusto por la pintura, estimulando así su sensibilidad artística.
Joseph B Macgregor
|