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Richard Ford no es Raymond Carver, aunque sin duda escribe muy bien. Sus personajes tienen problemas y dudas parecidas a las del autor citado, pero la manera de contar de ambos en ocasiones es radicalmente opuesta. A veces Ford peca de extenso en sus narraciones; otras resulta superficial en su acercamiento a la humanidad de sus personajes. Sin embargo, hay ocasiones en las que da en el clavo y su lectura se convierte en una delicia. Son esos relatos en los que nada falta ni sobra.
En general se trata de interesantes relatos (algunos brillantes, como "Canadiense" o "Centro de acogida"), de corte realista y en su mayoría pesimistas y críticos con ese modelo de familia feliz tan típicamente americano. Abundan los personajes que se sienten solos, que son solitarios o que en cierto modo se hallan en un período de transición, sin tener muy claro que nuevo paso dar o que cambio deben afrontar.
"Richard Ford utiliza demasiadas palabras" dice mi amigo Wineruda, y es cierto que a veces le sucede. Como si alargar las descripciones o los hechos del pasado de los personajes nos ayudaran a comprender mejor su interior. A Carver no le hace falta tanta extensión. Pero claro, estamos hablando de Richard Ford. Recomendable para carverófilos y cheeverianos. Y claro, para fordianos.
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