Joseph B. Macgregor (Registrado)
En uno de los capítulos más apasionantes de "Pasadizos",
Vicente Luis Mora afirma que el
análisis o la disección de lo arquitectónico-tridimensional o de lo literario-poético
pueden llegar a ser considerados también como una suerte de edificación.
Pienso que "Pasadizos" es un ejemplo evidente
de la realidad de esta afirmación porque si en algo destaca este ensayo es por la
sólida estructura en que
Vicente Luis sustenta los diferentes
pisos /capítulos de su edificio / discurso metaliterario; un ejemplo claro de algo
que termina convirtiéndose en aquello sobre lo que habla: pura arquitectura literaria
o pura literatura arquitectónica que a mí particularmente me ha regalado momentos
de una profunda emoción, aunque no comulgue del todo con algunas de sus afirmaciones
o conclusiones.
Prueba de ello, es la espectacular cantidad de fragmentos o citas que he subrayado
con mi rotulador amarillo. De hecho, en algunos capítulos he señalado tan sólo el
título porque la verdad es que hubiera marcado el texto en su totalidad; desde el
principio hasta el final. Algunos ejemplos de esto que digo son: "S / Silencio",
"Cartografías. Los mapas como lugar", "M de Muro", "W / Wright, Frank Lloyd". Hay
personas que cuando viajan en tren leen "El código Da Vinci", yo leo estos libros;
soy así de raro, que le voy a hacer.
En su exploración a través de estos pasadizos literario-arquitectónicos y/o arquitecto-literarios,
Vicente Luis disecciona espacios en blanco, silencios poéticos, hojas
en blanco y libros que intentan atrapar el Mundo entre sus páginas, realizando,
en definitiva, un exhaustivo recorrido por conceptos tan apasionantes para mí como
espacio y vacío o tan "borgianos" como los laberintos, la Torre de Babel o los mapas,
justamente aquellos que más me motivan de los cuentos de
Borges.
En general, estoy bastante de acuerdo con muchas de las afirmaciones, tesis, teorías,
conclusiones, reflexiones o inquietudes vertidas por
Vicente Luis a lo largo del libro. En
algunas de ellas incluso he visto perfectamente descrita, con diferentes aspectos
o matices, mi manera de acceder y asimilar mis lecturas o de acercarme al hecho
literario. Y prueba evidente de ello serían mis reseñas. En ellas, utilizo constantemente
conceptos como "estructura", "equilibrio" o "coherencia", elementos que bien ensamblados
y oportunamente integrados en la narración considero esenciales -aunque no son los
únicos, ni siquiera los más importantes- a la hora de juzgar positiva o negativamente
cualquier tipo de manifestación literaria, ya sea novela, poesía, ensayo o
cómic. Por lo tanto, aunque el "fondo"
me parece también bastante importante, lo cierto es que tiendo a fijarme mucho más
en la arquitectura que sustenta el entramado literario. Así que, en ese sentido,
el libro me ha interesado mucho y, como he dicho antes, me ha provocado emociones
diversas y muy gratas.
Sin embargo con otras afirmaciones tengo que mostrar mi total desacuerdo (aunque
con matices), como sucede por ejemplo con las que
Vicente Luis formula en "T / Técnica".
Me refiero al fragmento en el cual, el autor relaciona poetas con arquitectos. El
autor explica cómo a estos últimos se les exige formarse durante cinco o siete años
para prepararse técnicamente y están obligados además a conocer la historia y los
diferentes métodos arquitectónicos de tal modo que al acabar la carrera puedan ser
capaces de diseñar desde un menhir a una pirámide. Pues bien, en opinión de
Vicente Luis lo mismo debería exigírsele
a un poeta, el cual estaría obligado a estudiar métrica tradicional, formas estróficas,
poetas clásicos y de todas las épocas o tipos de movimientos y practicar en la creación
de todo tipo de poemas (sonetos, décimas, cuartetas, zéjeles, sextinas, etc.). En
su opinión, aquel que después de ese proceso de entrenamiento o formación no fuera
capaz de componer una sextina decente no debía llamarse a sí mismo ni ser considerado
poeta.
Desde mi punto de vista, pienso que la tesis anterior denota un sentido claramente
elitista o aristocrático del oficio literario que no comparto demasiado pero que
desgraciadamente abunda más de lo que se cree. Es cierto que para un poeta / autor
la base cultural de raíz clásica es importante pero pienso que ésta no tiene porque
ser garantía de buena poética obligatoriamente.
Pongo un ejemplo muy claro. Cuando
Javier Pérez Andujar, autor de "Los príncipes valientes", acudió recientemente
como invitado a "El público lee" -programa literario de Canal Sur 2- para
hablar de ésta su primera novela publicada, uno de los argumentos en los que más
insistía era en su pretensión de conseguir con su novela una narración en la que
se escuchará por fin la voz de la clase baja en una narración. Así "Los
príncipes valientes" está contada por personajes que comparten con
el autor infancia, recuerdos, lecturas infantiles y juveniles, pero sobre todo barrio
y miseria. Desde su punto de vista, la novela siempre ha estado en manos de las
clases altas o burguesas que eran las que podían acceder a la cultura. Por tanto,
Pérez Andujar encuentra a faltar novelas contadas por otras voces,
las de aquellos que han quedado marginados por la alta cultura.
Así, y esto ya es de cosecha propia, aunque "Germinal"
es una excelente novela que denuncia la existencia miserable de unos mineros franceses,
no dejaba de ser una realidad vista a través de los ojos de
Zola, un autor burgués. Siguiendo la
teoría de
Pérez Andujar si "Germinal"
hubiera sido escrita o narrada por un minero tendría que ser forzosamente más verosímil
o más auténtica que la de
Zola, algo de lo que tampoco estoy demasiado
convencido. En todo caso, exigir a un poeta un alto bagaje cultural previo lo considero
un pelín exagerado y negarle a las personas que no poseen tan alto conocimiento
la posibilidad de ser considerados poetas lo encuentro tan injusto como equivocado.
Pero lo más "grave" (entre comillas) es que
Vicente Luis parece olvidar que dentro
de la obra de arte existen también aspectos emocionales o sentimentales, algo que
entra en contradicción con ese sentido "humano" que para él debe tener la obra artística
/ arquitectónica. No creo que el principal objetivo de la literatura sea el conseguir
la trascendencia, la perfección o el equilibrio. Son elementos importantes o incluso
fundamentales pero estimo más importantes otros como la expresión de sentimientos,
la búsqueda de la belleza o la intuición (que es algo distinto a la inspiración)
e incluso el azar. El autor no habla para nada del artista intuitivo porque me da
la impresión que no debe de creer demasiado en su existencia porque lo que sí deja
bien claro es que considera un error pensar que la creación poética haya que dejarla
sólo en manos de la inspiración o de la presunta genialidad del artista.
Al intentar conectar el hecho poético o literario con la arquitectura y viceversa,
Vicente Luis acerca la poesía con las
matemáticas o mejor con un problema
matemático perfecto en exposición, desarrollo y resolución pero que finalmente no
consigue trasmitir ningún tipo de emoción al lector. ¿Trasmiten algún tipo de emoción
los poemas de
Góngora o de
Borges? ¿No llegan más quizá los
de
Miguel Hernández o los de
Lope, siendo en ocasiones menos
"perfectos" en cuanto a arquitectura? Por otro lado, ¿Le sentó bien ese afán por
el perfeccionismo a Juan Ramón? Dejo el debate abierto porque
estas son cuestiones a los que no consigo encontrar una respuesta clara o concluyente.
Este ensayo le sirve a
Vicente Luis además como vehículo perfecto
para reivindicar a una serie de artistas (Mallarmé,
Tagore,
Octavio Paz) o manifestaciones
culturales y artísticas (el haiku o los graffittis) como precursores@s o iniciador@s
de una nueva utilización de lo poético que aparece íntimamente unid@s con el espacio
artístico o con estructuras arquitectónicas de férreo calado
Me ha gustado mucho.
Joseph B Macgregor
|