Ficha realizada por Joseph B. Macgregor
PARÍS NO SE ACABA NUNCA
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(París no se acaba nunca) Enrique Vila Matas
Editorial Anagrama Colección Narrativas Hispánicas Primera Edición: año 2003 233 Páginas |
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El protagonista de “París no se acaba nunca” siempre quiso parecerse a Hemingway, pero no sólo como escritor sino también físicamente. En su afán por imitar en todo a su ídolo literario, marchó a París, donde comenzará a frecuentar los escenarios descritos por su autor favorito en “París era una fiesta” e intentará escribir también su primera novela, una narración que provoque la muerte instantánea del lector.
Una vez en la ciudad, alquilará una habitación a la escritora Margarita Duras, a quien pedirá consejo para realizar su primera novela. Esta le entregará una nota con una serie de directrices que todo escritor debe seguir para narrar correctamente.
Leer entrevista a Enrique Vila-Matas
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Joseph B. Macgregor (Registrado)
No se trata de una narración al uso. Planteada como una conferencia imposible acerca de las penurias y sinsabores que sufre todo escritor cuando tiene que parir su primera novela, en ella se mezcla recuerdos (falsos o no), anécdotas (falsas o no) sobre escritores conocidos; se salta de una cosa a otra y se juega constantemente con la realidad y la ficción. ¿Es el joven autor de la novela Vila-Matas? ¿Cuánto hay de verdad, de realmente autobiográfico en esta novela? Posiblemente, las sensaciones, las angustias, los miedos, las dudas…; un cierto desencanto por una vida bohemia que “ya no es lo que era“. Se menciona personas que existieron /existen (Margarita Duras, Isabelle Adjani…) realmente pero ¿eran / son como los describe Vila-Matas en su libro? ¿Son ciertas las anécdotas sobre los consejos que algunos escritores le dieron para escribir su primera novela (Juan Marsé, por ejemplo)?
Poco importa lo que es verdad o lo que es falso, realmente. Lo curioso del caso es que uno lee esta novela todo el tiempo como una ficción; prácticamente, me la he bebido casi sin darme ni cuenta. Estas preguntas me las planteo a posteriori, pero durante la lectura simplemente me dejo llevar y disfruto como un enano.
Vila-Matas me parece divertido, entretenido, ameno, culto, nada pedante y casi siempre genial, porque incluso a pesar de toda esa ironía, desencanto o mala leche que me trasmite a lo largo de la novela, es capaz también de conmoverme en lo más profundo durante la lectura de algunos párrafos, como por ejemplo cuando describe el momento en el cual termina por fin la novela. Me parece uno de los momentos más emocionantes que este lector compulsivo, diagnosticado clínicamente como un enfermo de literatura, ha tenido oportunidad de echarse al corazón últimamente.
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Manel Sparks (Registrado)
Este es el primer libro que leo de este autor. A medida que lo iba leyendo, me recordaba bastante a Erec y Enide de Manuel Vázquez Montalbán: a medida que nos explica su vida, intercala su conferencia. La verdad es que me ha aburrido muchísimo este libro. Una novela que habla de la novela. Si eres escritor o tienes interés en serlo, está bien porque te ayuda a entender el proceso de creación de una novela con un toque de humor. La forma de pensar del protagonista hace que guarde cierta semejanza (bajo mi parecer) con las ideas de José Martínez Ruiz (Azorín): lo reaccionario de los diálogos, la crítica de algunos escritores, esa carencia de fábula afín a la teoría del iceberg de Hemingway, en definitiva la metanovela. Aunque bien se podría tratar de una novela de aprendizaje, no deja de ser una mera ficción (¿o no?). Sea lo que sea, a mí me ha aburrido bastante.
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Raúl Alvarez Tirado
Conviene haber vivido París para comprender este libro. No se puede disfrutar de esta narración si desde un primer momento no se establece una cierta empatía entre el autor y el lector por una compartida debilidad por París.
Las historias con las que va llenando las calles, haciendo que siempre estén sucediendo en un análisis un punto relativista, el proceso de creación de su primera novela, sus inquietudes y preocupaciones de niño bien, hijo de la burguesía catalana (su propia imagen juvenil a la que despelleja sin piedad), su pequeña obsesión con Hemingway, las pequeñas o grandes amistades, no son más que el contrapunto vanal a la idea que el libro logra transmitir; una idea de lo que es la libertad individual a través de una ciudad que ha sido el mayor símbolo de la vida libre y de la libertad en los últimos doscientos años.
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