Fermina Daza (Registrado)
De poco sirve hablar de un libro que tiene su mérito no ya en un argumento, que
por otra parte puede estar más que manido (niña fantasiosa que no se adapta al mundo
de los mayores busca refugio en la literatura, en sus tatas y en un amigo para aliviar
su incomprensión y su soledad), sino en la prodigiosa habilidad de la consagrada
académica para narrar historias.
Quiero decir con esto que este libro no es para contarlo, es para sentirlo. Sí,
lo digo con todas las letras: esta novela no tendría mayor interés si no fuera por
esto que apunto y que con tanta maestría está plasmado. Porque más allá del interés
que despiertan las vivencias de Adri en una familia en donde las cosas no son lo
que aparentan, está el confort de asistir a la narración de una historia teñida
e impregnada de sentimientos, sin ñoñerías, sin cursilería, sin párrafos superfluos.
Con un estilo comunicativo muy directo, muy de verdad, aparentemente sencillo, sin
dobleces, en donde lo previsible se agradece porque lo que queda es el derroche
narrativo de sentimientos y sensaciones (hacia el final de la novela hay un pasaje
absolutamente fotográfico, no, no sólo fotográfico porque también se percibe el
olor de las sábanas recién lavadas, un pasaje que se vive y que además nos transporta
a la niñez –estoy segura que lo reconocerá aquél que lea esta novela).
Leyéndola da la sensación de estar escuchando la historia en la voz de una experta,
pausada, tranquila y sabia narradora que ahonda perfectamente y se transporta a
la niñez para transmitir lo cruel que es perder la inocencia, lo doloroso que es
conocer los daños de la muerte, lo hermoso que es encontrar refugio en la fantasía
y descubrir la literatura como la puerta de entrada a mundos ilimitados, a paraísos
más grandes cuando se encuentra la persona idónea para disfrutarlos. En
Paraíso inhabitado
también hay amor y desamor, el tratamiento maniqueo del bien y el mal en la visión
de una niña que está apunto de abandonar la infancia y que sólo ve amenazas en el
mundo de los adultos que la rodea.
Ana María Matute no teje vidas ni dibuja
personajes complicados, el relato
es tan ágil y suave como una nube, sin dejar por ello de apuntar aspectos de crítica
social a la burguesía acomodada, o al sistema educativo o al tratamiento de diferentes
estratos sociales.
Es ésta una de las cinco novelas que optan al Premio Lara a la Mejor Novela del
Año, dentro de unos días sabremos si es la mejor, pero independientemente de esto,
prémiense ustedes y disfruten de una historia tan bien contada.
Fermina Daza
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