Carlos Ferrer
Ignacio del Moral (San Sebastián, 2-9-57), séptimo de nueve hermanos, se traslada con su familia a los 3 años a Madrid, lugar donde desarrolla sus estudios biológicos que no concluye, dando sus primeros pasos en el teatro como actor. Su obra es ya extensa y abarca diversos ámbitos, siendo autor de más de 30 piezas dramáticas, tales como Soledad y ensueño de Robinsón Crusoe (1983 y 1999), No hay función por defunción (1985), Aquarium (1989) y Fugadas (1994), y por las que ha recibido los premios SGAE y Hogar Sur de Teatro de Comedias. Esta experiencia dramatúrgica le será de utilidad en su labor como guionista de cine y tv, ya que ha colaborado en las series Ay, Señor, Señor, Farmacia de guardia, Abogados, Hermanas, El comisario, aunque curiosamente no participó en el guión de Bwana, la versión cinematográfica de La mirada del hombre oscuro, su obra más emblemática. Precisamente estas Páginas arrancadas... supuso un regreso a la creación teatral, una fórmula de escritura diferente y un ademán de desintoxicación televisiva.
Enmarcado en la generación «del realismo crítico urbano», procedente del magisterio de Cabal y Alonso de Santos, «un teatro de compromiso social» que «critica el sistema de vida, el abandono de la existencia mismo, por eso su obra la protagonizan seres abandonados, como P., que no saben dónde hallan un fundamento sólido desde el que vivir», y un teatro que «presenta sus historias como un fluir de convenciones sin sentido –responsabilidades adquiridas, imposiciones existenciales- en las que todos los personajes viven sumergidos».
Estas páginas arrancadas, escritas entre diciembre de 1993 y enero de 1994, son retazos, en los que se alternan momentos de relax con momentos de angustia y tensión, que forman parte de un todo que el lector debe componer y completar. Odio, auxilio, muerte, sueños, fraternidad, ilusión, dolor, abismo de la muerte, dificultad para olvidar el pasado, desconfianza, temor, miedo, ansiedad, familia, sana curiosidad, son sensaciones, sentimientos que pululan por las páginas de este diario tan próximo a nosotros (como a la Asistenta) y, a su vez, tan lejano.
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