Pilar Alonso (Registrado)
Cuando uno lee una novela a veces olvida que el autor no es una figura etérea, es también una persona que profesa una serie de creencias, que tiene una visión del mundo particular y unas experiencias propias que lo condicionan y lo limitan y que, en algunos casos, vive en un momento histórico definido por una serie de parámetros. Sin embargo, es increíblemente fácil ignorar todo eso cuando nos hayamos frente a un libro, donde lo que prima es la historia en sí misma, sin otras consideraciones.
Así, como comentan los propios autores, el Drácula que creó Bram Stoker era sensible al agua bendita, a los crucifijos y a todo cuanto tuviera que ver con el cristianismo. No en vano el autor era un católico irlandés y, a la hora de enfrentarse contra el Mal, así con mayúsculas, nada mejor que las herramientas que le proporcionaba su religión.
Ahora, en esta época científica y tecnológica, Guillermo del Toro y Chuck Hogan reinventan la novela de vampiros y la adaptan a un entorno que nos resulta más cotidiano, sin olvidar algunos de los rasgos que hicieron famoso a Drácula. Porque ¿qué sería de cualquier vampiro que se preciase sin su propio ataúd?
Nocturna
alterna las modernas tecnologías, como móviles, aeropuertos, forenses y análisis de ADN, con las leyendas propias del género, y el resultado es una novela completamente absorbente, llena de acción y suspense, con buenos diálogos, un ritmo excelente y situaciones espeluznantes.
La atmósfera que destila parece emanar de sus páginas para envolver al lector en un mundo de pesadilla, donde aparecen algunos de esos temores ocultos que nunca nos atrevemos a confesar y donde la noche vuelve a convertirse en el enemigo.
La imaginación de Guillermo del Toro y la pluma de Chuck Hogan han dado vida a la primera parte de una trilogía que promete deparar muchos éxitos y que no me extrañaría ver llevada al cine en un futuro no muy lejano.
Para los amantes del género de vampiros es una novela absolutamente recomendable. Para los demás… también.
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