E-Bronsky
Esta bella novela romántica está considerada por la crítica como una obra cumbre de la literatura del siglo XX y forma parte de una tetralogía que su autor concibió con el lunático nombre de "El mar de la fertilidad". En ella aparecen criados de turbio pasado, familias imperiales con obligaciones políticas, amigos muy fieles, santuarios y conventos, paseos en carruajes orientales, la mano sudorosa del Destino y mucha nieve, sobre todo al final. El elegante distanciamiento de estilo japonés y el candor de las pasiones humanas que describe nos recuerdan al Flaubert de Madame Bovary o al Proust de Un amor de Swann. Algunos lectores pueden encontrar irrisorias ciertas comparaciones de estados de ánimo con elementos de la naturaleza que salpican todo el relato(cerezos, nubes, insectos, alondras); o quizá aburridas algunas descripciones de las costumbres cortesanas (ceremonias, festivales populares, celebraciones y ritos religiosos) ; o tal vez demasiado lento el transcurso de la acción, sobre todo si son aficionados a películas de samurais. La sensibilidad y la belleza de sus páginas, una vez superado cierto prejuicio inicial, compensan a todo lector galante que se deje seducir por un mundo de aristócratas ociosos sin callosidades en las manos, donde la incomprensible terminología Shinto y el respeto hacia el emperador del Japón se mezclan con encuentros furtivos bajo la luz de la luna , la importancia de un peinado femenino, o la expresión de un rostro impenetrable, en medio de una cultura que cultiva el arte de la contemplación. Lo que más me gustó es la fría atmósfera de serena decadencia y el gran aliento poético con que está escrita.
Pero esta también es, en mi opinión, una novela que encierra un misterioso simbolismo. La nieve es la pureza que tanto ansía contemplar el atormentado Kiyoaki, cuya obsesión por volver a encontrarse con Satoko llena una gran parte de la novela y despierta en los demás personajes un profundo sentimiento de compasión. La primavera es la inestabilidad y el cambio: la edad de la adolescencia. La nieve de febrero es muy frágil e inconsistente. Se evapora con suma rapidez y en su levedad el viento la arrastra sin dejar apenas el rastro de su caida. Esta es, a mi juicio, una hermosa metáfora acerca de la pasión adolescente: el deseo de hallar la pureza en el amor y la imposibilidad de preservarla de los cambios incesantes.
Una bonita novela recomendable para leer en cualquier estación del año.
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Antonio de la Parte Sedano
La historia se repite, Mishima escribe su legado entre la abyección hacia el mundo que le rodea y yo siento sobre mi piel los copos de esa primavera en que mi amigo era mi amigo, mi amante y los convencionalismos sociales no existían. Ahora este mundo es más hipócrita si cabe que el de principios del siglo ¡pasado!. Sólo la revolución o el suicidio.
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