Joseph B. Macgregor (Registrado)
Casi todas las cualidades que apunté en mi reseña sobre "Cristales de fuego" pueden ser aplicables también a "Nada nuevo bajo el sol", aunque se trata de una historia muy diferente en cuanto a planteamiento, desarrollo, tono, intenciones, etc.
De nuevo, el personal sentido del humor de Suárez está presente a lo largo de las páginas de la novela y aparece también esa envidiable capacidad para crear universos, culturas o sociedades del futuro, sin perder nunca la credibilidad o caer en lo absurdo, lo exagerado o lo incoherente. De igual modo, la caracterización de los personajes principales así como la descripción de los ambientes vuelve a estar muy conseguida tanto en el acierto del paisaje donde transcurre la acción como en la mayor parte de los personajes. En esta ocasión sin embargo, su afición por el feísmo no me parece tan evidente como en "Cristales de fuego", aunque es cierto que casi todo son seres bastante mediocres y todos están mirados o presentados bajo un prisma de evidente ironía o mala leche.
Otra vez, la historia le sirve al autor para exponer o reflexionar sobre temas que le preocupan o la interesan: por un lado, la imposibilidad de crear obras verdaderamente originales en la sociedad actual y por otro, el tema básico de la novela sobre los fármacos que son lanzados al mercado sin los oportunos análisis sanitarios (es decir, sobre el mercantilismo que nos invade). Desde mi punto de vista, ambos temas no están desarrollados con el equilibrio que me hubiera gustado, es decir: se le da más importancia al enredo sobre el medicamento que al asunto de que no se puedan publicar novelas por falta de originalidad, porque efectivamente no parece haber ya "Nada Nuevo Bajo el Sol", que era quizá la cuestión que me interesaba más de las dos. Esto no quita que la novela no sea interesante: además resulta muy entretenida y denota una evidente y más que indudable agilidad narrativa.
También apuntaría una reflexión que me motivó también la lectura del libro pero que pienso que está sugerida tan sólo de refilón (no entra a “saco” en ella) y es lo siguiente: el éxito del Morfeus se debe a que la gente necesita dormir poco, las veinticuatro horas resultan demasiado escasas para todo lo que queremos o tener que hacer a lo largo del día. Por eso, una pastilla que consiga que sólo durmamos tres horas y encima nos levantemos descansados, tenía que ser un éxito seguro. Este detalle me gustó bastante.
Otro aspecto que me interesó enormemente fue el hecho de que en la novela aparezca una maquina que quiera aprender a sentir, a tener emociones, mientras que los personajes “humanos” de la historia parecen defender todo lo contrario en su búsqueda del triunfo personal.
Lo que está claro es que Suárez es capaz siendo fiel a un género escribir obras muy distintas, en tonos muy diferentes, aunque sin perder algo fundamental: la agilidad narrativa, algo que es también marca de la casa por lo que se ve, ni tampoco su gusto por expresar su opinión personal sobre el absurdo del mundo que le / nos rodea.
|