Manuel Márquez
Con una prosa prolija y detallista (no exenta de un punto cargante en algunos pasajes), Zweig sigue la línea menos centrada en la ficción y más apegada a los referentes biográficos reales del personaje, con una fidelidad a las fuentes que el mismo se encarga de recalcar explícitamente (y con detalles más propios de un ensayo que de un relato) en más de una ocasión. Hasta donde llega el seguimiento de la verdad histórica y hasta qué punto alcanzar el maquillaje novelesco que inventa y superpone el autor es algo sólo al alcance de profundos conocedores del material historiográfico, pero no se puede negar, al menos desde la perspectiva del profano, que las trazas de verosimilitud son muy fuertes y dan una apariencia muy consistente.
Por otro lado, el autor manifiesta sus simpatías hacia su personaje de forma inequívoca, aunque más por la vía del reproche hacia sus contrarios que por la de la adhesión a sus principios vitales. Eso no elimina tampoco un cierto espacio para las observaciones críticas, sin que éstas lleguen, en cualquier caso, a empañar una valoración global en positivo.
Aunque la poca agilidad de su lenguaje hace costosa la inmersión al principio, el fluir del relato consigue ir atrapando poco a poco al lector, y acaba por transmitirle un interés que es el que le guía, de manera imparable, a desarrollar la lectura hasta su final. Una experiencia, en suma, tan grata como enriquecedora.
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Maldoror
Hace unos días encontré en el chat a un visitante que había entrado de rebote a partir de haber conocido esta web. Comentaba que buscaba los comentarios sobre un libro y, al preguntarle su opinión, me dijo que éstos le habían desilusionado ya que no había críticas negativas. Puede ser - relativamente- cierto y, en mi caso, totalmente, puesto que si pierdo mi precioso tiempo en escribir sobre una obra es porque me ha llamado la atención, porque me haya gustado en alguno de sus aspectos. Si no me gusta, y puesto que no llevo comisión en este asunto, considero de necios perder el tiempo en, además de leer el libro, ponerlo a parir. Introducido así, muy por los pelos, en el tema, paso al meollo de este comentario.
Nunca me han gustado demasiado las biografías; no sé, es una prevención infundada arrastrada desde antiguo. Pero no podemos luchar contra nuestros propios fantasmas. Sin embargo, y como soy muy influenciable, leí en la obra de Víctor Klempeler, repleta de juicios, comentarios y reseñas de obras y autores ("Quiero dar testimonio hasta el final") una breve nota sobre esta obra de Stefan Zweig, considerándola una de las mejores biografías sobre la esposa de Luis XVI, que acabó (como su marido) en la guillotina el 16 de octubre de 1793.
Quizás no me interese mucho María Antonieta, pero sí la opinión de Klempeler y la obra de Zweig. Y como el lector a veces lee el texto y otras al autor, yo, por esta segunda opción, emprendí la tarea, primero con precaución, luego con curiosidad y más tarde con el suficiente interés como para, una vez acabado el libro, reconocer que no ha sido tiempo perdido ni mucho menos.
Es un Stefan Zweig plenamente poético el que me llevó de la mano y me presentó a la reina, sus defectos, sus últimas virtudes, su vida, la vida del pueblo francés, la desidia de un rey y todo un entramado de intrigas, descripciones e historias que desembocaron en la Revolución francesa.
María Antonieta es humana, demasiado humana (con perdón de Nietzsche); Luis XVI débil, demasiado débil... y en la sombra se engrandece un desconocido que me ha llamado la atención en la obra y al que, sinceramente, creo que Zweig dedica tanta atención como a los personajes reales: se trata de Axel de Fersen, ligado a la Historia por su amor a la reina y manipulado por la Historia, precisamente a causa de ese amor.
Es un viaje histórico que recomiendo plenamente, con momentos sobrecogedores, cargados de tensión, que me han arrebatado por la maestría del autor en su exposición.
Posiblemente otra persona que lea el libro pueda preguntarse : "¿Y dónde ha sentido eso este tío, que a mí me ha dejado fresco?" Es una cuestión misteriosa. A unos les conmueven los androides soñando con ovejas eléctricas, a otros la construcción de una catedral, a muchos las terroríficas vivencias de una niña creada por el Rey, a los menos los caballos desbocados del samurai del siglo XX...
Pues a mí Zweig. Sus sueños no cibernéticos, la construcción de un mundo que hemos heredado, el terror de la realidad cotidiana en su obra y el misterio de los perros enfurecidos que lo arrastraron al suicidio en 1942 son hechos que me conmueven. Siento que este comentario no haya salido al gusto de mi eventual amigo de chat, pero no me queda más remedio que pensar para mí que he leído una excelente obra (no sé si eso tendrá mucho que ver con que editorial Juventud posea los derechos de autor de las biografías de Zweig desde 1932) que merece el tiempo empleada en ella.
Y como soy tan aficionado a las citas, no me quedo con la gana de plantar aquí las últimas palabras del autor que, a modo de justificación sobre el por qué de escribir esta obra, finaliza así:
"No el divinizar, sino el humanizar es la ley suprema de todo estudio creador de las almas; su tema es explicar, no disculpar con artificiales argumentos. Se ha intentado esto aquí, tomando por objeto de estudio un carácter medio que sólo a un incomparable destino debe su irradiación más allá de su tiempo y cuya íntima grandeza nace únicamente de su desmesurada desgracia; esta alma, así lo espero por lo menos, sin exaltar nada en ella, sino precisamente a causa de sus condiciones terrenas, bien puede merecer el interés y la comprensión del tiempo presente".
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