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La nueva novela de Jonathan Carroll es una mezcla de géneros
literarios que busca sobre todo la sorpresa del lector. Se trata de una historia
de amor y ciencia ficción, con toques de género negro, metafísica y humor sarcástico.
No parece casual que en la dedicatoria mencione a
Neil Gaiman, el famoso escritor y guionista
de cómics de Sandman,
ya que su imaginario y estilo en ocasiones coinciden. El caso más evidente, y uno
de los más atractivos, es la inclusión de la fantasía en una realidad cotidiana
y posible, y la actualización de los mitos antiguos, despojándolos de su “seriedad”
y aportando una cercanía en ocasiones irónica.
La historia de Ettrich es la búsqueda permanente de respuestas a unas preguntas
que cuestionan su propia realidad y la lógica, y que en el fondo, incluso en el
marco de la fantasía y de lo imposible, podrían extrapolarse sin demasiada dificultad
a la “vida real” como necesidad y búsqueda de la propia identidad. Visto como una
metáfora, su aventura no es más que un examen de conciencia sobre su propia vida,
y su relación con el resto de
personajes. Unos personajes que el escritor
se esfuerza en redondear, en especial a las dos mujeres protagonistas: la misteriosa
Coco, que perderá interés una vez que se desvele su misterio; e Isabelle, verdadero
motor de las motivaciones de Ettrich.
El descubrimiento del protagonista de su fallecimiento y posterior resurrección
dará cabida a una serie de personajes y situaciones extravagantes, que contrastan
con otros pasajes en los que está presente la ternura, la complicidad y la nostalgia.
De esta manera, la novela no deja respiro al lector, y sobre todo, no deja de desconcertarle
en todo momento. Desde el momento en que entra el elemento de la fantasía, todo
está bajo sospecha para el protagonista. Y para
el lector.
En definitiva, una novela de difícil catalogación, que en todo momento mantiene
el interés aunque sólo sea por su carácter imprevisible, ya que todo es posible
en estas páginas. Disfrutarán los aficionados a la ciencia ficción y los curiosos
en general, ávidos de historias distintas.
Jorge Borondo
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