Carlos Ferrer
Como indica el profesor J. A. Ríos Carratalá, éste es un “drama de frustración, represión, aburrimiento e impotencia”
ambientado en Larache, “en este pueblo rodeado de asnos y cotillas” como dice la mujer del Coronel, con la pérdida de las
colonias latente en el texto. Dos personajes centran la atención del lector: el Coronel, lenguaraz, sincero y directo, vanaglorioso
y enérgico, contundente en sus decisiones; el Teniente, hijo de militares y recomendado, recto y omnipresente, aunque sin
capacidad de decisión y al que se le encomienda dirigir al equipo de fútbol que jugará en Copa contra el Atlético de Madrid, pero
incluyendo en el once a un jugador vasco, debido a la influencia de la mujer del Coronel. “El escalafón ocasiona más disgustos
que el enemigo” se dice en la obra porque no siempre el enemigo se halla en el exterior, como atestigua el Coronel, defenestrado
en este Protectorado, frustrado en su carrera política y en su vida amorosa y personal, una bomba de relojería con la cuenta
atrás en marcha. La historia del partido de fútbol encubre otra de un amor que no es lo que fue y de un hombre anulado por su
carácter. Un final rotundo para una infidelidad de cuartel.
Sin embargo, lo más logrado de la pieza es su lenguaje fluido y natural, con la fuerza militar necesaria para marcar las
distancias y el respeto, trufado de comparaciones jocosas (“sencillo como un tebeo del Capitán Trueno”) y de construcciones
coloquiales, que definen la idiosincrasia de cada personaje con acierto.
Esta segunda etapa del Premio Carlos Arniches de Alicante comenzó con un texto digno de su reputación, pero con las taras
de siempre, las de su estreno en España, todavía por producirse.
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