Anika (Registrado)
Naciera o no la picaresca con “El lazarillo de Tormes” (Dios
tenga en su gloria al anónimo que se le ocurrió la historia, y qué pena no conocer
su nombre), lo cierto es que consiguió no sólo que los clásicos no fueran siempre
de difícil y aburrida lectura. Este es uno de los males para los adolescentes a
los cuales se les obliga a leer ciertos clásicos en el instituto, cuando se les
debería dejar la opción de escoger y descubrir algunos libros por sí mismos.
Este Lazarillo se nos muestra de lo más divertido, pues
Enrique Lorenzo ha adaptado la historia
con mucho humor tanto textual como gráfico. Las escenas resultan igualmente duras
o burlescas, y en ningún momento el hambre que sufre el Lazarillo –como quienes
le rodean en ocasiones- terminan con su sentido del humor y optimismo, así como
con la dignidad de otros (me estoy refiriendo, obviamente, al “rico” escudero).
La sonrisa es contagiosa con esta adaptación de “El lazarillo de Tormes”, y creo
que puede servir para que los más curiosos se acerquen al clásico, y que lo lean
por opción propia, y descubran así las joyitas que existen entre los clásicos de
los que sus profesores suelen hablarles. Entonces sí será mérito de ellos el que
acepten, adopten y admiren la historia de este anónimo que nos hizo un regalo universal.
Anika Lillo
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