Txema (Registrado)
Se suele decir que con la edad se alcanza la sabiduría. En el caso de Sábato se cumple de sobra este aserto. A sus 92 años, como él mismo reconoce, se piensa más en la muerte que en la vida. En su caso lo hace con serenidad. Es él quien se inclina sobre ella y no ella la que la arrebata la existencia. Por eso tiene, en buena medida, capacidad para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro y transmitir sus pensamientos.
Nos envía esas cinco cartas con meditaciones sobre varios temas que, de una manera u otra, afectan a las sociedades modernas y desarrolladas, porque es evidente que en los otros mundos, los de los desposeídos, no hay tiempo ni capacidad, ni para la reflexión, ni para la lectura. Hay sólo espacio para la mísera supervivencia de cada día y eso con mucha suerte.
Sin embargo no entiendo muy bien por qué el libro se llama La resistencia. Tal vez hubiera sido más acertado, algo así como confesiones o meditaciones. Es posible que estemos incluso ante una especie de testamento. Sábato nos pone ante una evidencia, que no es otra que la ya conocida crisis de valores total y absoluta del mundo desarrollado, con la nefasta influencia de los medios de comunicación, especialmente la TV a la cabeza. Posiblemente, habría que decir con más propiedad del mal uso de los medios de comunicación, con la TV, por razones evidentes, en primer línea. Hoy lo que prima, lo que se estimula, lo que se inculca a los más jóvenes es la competitividad despiadada, el aislamiento, el rechazo a la marginalidad en cuanto signifique precisamente resistencia, el individualismo etc.
Muchos pensarán -con razón- que esto no es nada nuevo, que ya lo han dicho muchos más y que por tanto no aporta nada esencial. Es en esto último donde, en mi opinión, se equivocan porque Sábato lo dice de una forma absolutamente distinta. No hace un discurso político, reivindicativo o de lucha callejera, ni siquiera ahonda en la cuestión desde una perspectiva social. Recurre a un lenguaje poético, a los recuerdos, al tiempo, a la forma de aprovecharlo más y mejor, a la solidaridad más cercana, con los que tenemos al lado, al ensimismamiento con la naturaleza.
No predica, no pontifica, no hace retórica, simplemente nos pone ante nuestras propias contradicciones y responsabilidades. Creo que en el fondo Sábato da la batalla por perdida y de alguna manera pronostica que el mundo, al menos tal y como lo conocemos en la actualidad está llamado a desaparecer.
Es posible que cargue algo las tintas en una visión casi religiosa del problema y que tenga una concepción excesivamente optimista del tiempo pasado, que en definitiva es "su" tiempo y su pasado, pero por lo demás el análisis es correcto y lúcido. Merece la pena contar con su experiencia.
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