Doctor Lecter (Registrado)
Wells se aleja de la ciencia-ficción para adentrarse en la fantasía, y consigue hacerlo sin aburrir. Son unos relatos muy entretenidos, algunos mejores que otros, y muy fáciles de leer. Los recomiendo.
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Joseph B. Macgregor (Registrado)
"La puerta en el muro" es una breve fábula Wellsiana, de no más de cincuenta páginas (en la versión editada por El Acantilado), demasiado esquemática en su planteamiento, de moraleja más que evidente y, por tanto, algo previsible o ingenua también en su desarrollo y desenlace. Sin embargo, me parece también una de las novelas cortas más hermosas que he tenido oportunidad de leer (y releer más de una vez).
Esa inevitable candidez, tan típica por otro lado de un sujeto como Wells, es lo que hace que la insólita odisea de Lionel Wallace (un hombre no especialmente hábil a la hora de elegir la opción más adecuada para ser feliz) me provoque siempre una sensación sobrecogedora, una inevitable y amarga tristeza hacia ese personaje que está siempre demasiado ocupado para poder volver a abrir la puerta en el muro, una puerta a la que podrá acceder a un lugar maravilloso, una suerte de Edén Perdido, en donde fue feliz, sólo unos instantes, cuando era sólo un niño de cinco años.
Me entristece porque todo esto me lleva siempre a sacar pesimistas conclusiones acerca del sentido de la existencia humana, ya que, desgraciadamente, son pocos los que se atreverían a desviar su camino, a escapar de lo encorsetado, de las obligaciones cotidianas y abrir la puerta de marras.
Me consuela un poco que Wells deje un lugar para la esperanza ya que Wallace PUEDE ELEGIR. Lo que sucede es que opta siempre por lo más cómodo, por cumplir con las expectativas que los demás tienen sobre él: ser un buen ciudadano, un hijo obediente, un estudiante modelo, un trabajador competente… pero sin haber hecho nunca lo que realmente deseaba hacer que no es más que volver a ese lugar mágico donde experimentó la auténtica felicidad.
Me pasó igual con "Hook", el film de Steven Spielberg, que siempre me hace llorar el pensar que el protagonista ha olvidado que fue Peter Pan… pues algo así me pasa cuando leo este libro. Me provoca una profunda melancolía el recordar las oportunidades perdidas, que en la vida no haya marcha atrás ni posibilidad de enmendar los errores o, en todo caso, volver a elegir… y que en esos momentos en los que se me obligó a optar por una opción u otra, pudiera tener la facultad de elegir la que ahora, con la perspectiva que dan los años y la experiencia, me parece la más adecuada (que no tiene porque ser la más acertada tampoco).
De todos modos, la verdad es que desde hace unos años, uno ya va abriendo sus puertas y distinguiendo lo que realmente es importante de lo más accesorio y esto también me consuela bastante.
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