Anika (Registrado)
Cuando no me convence el dibujo de un comic presto mayor atención a la historia, y si ésta me parece confusa me pregunto qué me están contando y me fijo mucho más en los detalles. Así ha sido como he descubierto una gran historia que no lo parece, una historia como otra cualquiera que se hace grande por el resultado: un complejo de una culpa que no se tiene y cómo afecta ésta a una persona. Y teniendo en cuenta que este ha sido un trabajo de tres, los veo muy compenetrados. “La niña que fui” habla de una catarsis, una introspección necesaria para no sucumbir más tiempo a una culpa inexistente. Pero acaba siendo comprensible: si bien a ella no le hizo nada, aquel tipo del que siendo niña se enamoró era un criminal (y el tema del que se ocupa el comic es de esos que levantan ampollas). Enterarse de todo le pilla en la época más delicada, la de la adolescencia. A partir de ahí vemos su caída libre, su adicción al tabaco, su apatía o su irascibilidad, su extraño carácter... La protagonista busca exculparse, busca reconciliarse consigo misma. Todo el volumen utiliza únicamente el negro del dibujo rápido y tonos de tintas marrones aguadas. Nada más. Con ese método recrea sombras, manchas, colores y fondos. Y mientras tanto una chica joven se entrecruza en flashbacks o como con su propio fantasma a la niña que fue, casi recordándonos que a pesar del tiempo, a veces sigue siendo aquella misma niña. Anika Lillo
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