Anika (Registrado)
Creo que podría decir sin género de dudas que lo único que no me gusta es el título. El contenido me ha encantado, como siempre me ocurre con los libros de Toti Martínez de Lezea, y en esta ocasión además tenía cierta curiosidad por ver cómo se desenvolvía teniendo como protagonistas a dos hombres (no los únicos, pero sí los más importantes), si se metía bien en su piel, si era capaz de convencerme… y lo consigue. De caracteres distintos, dibuja en Bittor el vasco sereno, duro, fuerte y solitario, parco en palabras y de ideas fijas. En su hermano Eladio resalta la labia, el desparpajo, pero también el rencor, el odio y las ganas de venganza. No contenta con ello nos regala más personajes masculinos que se diferencian bien unos de otros: sus hermanos Agustín y Tomás, el amigo Xabi Olalde, el cura don Pedro (¡qué personaje! Genial cuando dice que “Dios es carlista”), Zabala (hombre inteligente al que resulta fácil admirar) y Arrue (su seguidor), el viejo Faustino Lasa, perverso, manipulador, fanático y obnubilado por la riqueza, y finalmente su hijo Juan Manuel, un tipejo que acabará dando alguna sorpresa, y el capitán Arístides Oreitia. No son los únicos, pero sí los más importantes. Y lo que me queda de estos personajes es la sensación de que Toti Martínez de Lezea se ha desenvuelto de maravilla con sus historias y sus caracteres. Y luego están las mujeres, esas que tan bien sabe llevar la autora, a las que confiere calidad de valientes o egoístas, liberales o conservadoras, creando en ellas contrapuntos diferenciados pero marcados siempre por lo mismo: la época machista en la que viven. La lealtad de Fermina, la candidez de la pobre Emili, el fanatismo y la rabia de Feliciana Lasa, la voluntad y la valentía de Carmen Iturralde y, sobre todo, Julia Iturralde desde el principio hasta el final, personaje principal por el que los hermanos Urrondo –y no sólo ellos- luchan por conseguir. Julia vivirá y experimentará en sus carnes la diferencia entre los sueños y la realidad, y eso la curtirá, la convertirá en una mujer experimentada sin perder del todo la inocencia, pero también la hará más valiente y decidida. De lo que no hay duda es que con el amor desesperado de sus personajes, los lectores sufrimos y estamos siempre en vela, a la espera de que la suerte se ponga de su parte, a veces con el corazón encogido y deseando un final feliz que parece no llegar nunca. Ambientada en un marco entre rural y aldeano, con familias enfrentadas por la guerra y la religión, sabremos en todo momento qué acontecimientos suceden en tierras vascas ya que la autora nos informa –por suerte sin apabullar- sobre la política, la guerra y las guerrillas. Como todos los de Toti Martínez de Lezea, un libro a recomendar. Anika Lillo
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