Anika (Registrado)
Allá a finales de los ochenta o principios de los noventa, no recuerdo muy bien ahora, escribí una novelita que alguien se quedó y jamás me devolvió. La escribí con uno de esos programas informáticos que con el tiempo desaparecieron por lo cual jamás recuperé la historia, pero intenté reescribirla muchas veces. Finalmente un día le di la vuelta y escribí otra que cogía lo esencial de aquella y la convertía en otra (podrían ser primera y segunda parte, aunque eran autoconclusivas). Cuento esto porque esta segunda novela tiene un gran parecido a una parte esencial de “La casa del torreón”, y esto me ha emocionado, ha sido como ver a otra alma literaria coincidir con la mía y decidirse a plasmar su historia (no la mía, evidentemente). Sólo por eso me ha gustado ya la novela de Isabel del Río, porque es de esas miradas que ve el mundo más allá de la realidad, que se fija en “un algo más” y reconvierte una historia fantástica y terrorífica en una novela que se bebe con facilidad, que tiene guiños (como las tenía el mío) y viajes dimensionales (también las tiene mi historia), sin olvidarse de algo esencial: el personaje. Isabel del Río es instintiva, ya pude comprobarlo con “Casa de títeres”, y también en eso se parece a mí. Su novela tiene esa misma cualidad. No deja de lado la sorpresa pero se centra en golpes de emoción, a veces contenidos, otras, explosivos. Y vuelve a recordarme a mí. Si sigue por ese camino va a ser “mi niña literaria”. La novela, fantástica, tiene momentos de terror y crudeza. Es ágil, no produce empacho, te regala momentos tiernos pero te sacude con otros de intensidad diez, y aunque es una novela juvenil es apta para adultos (siempre y cuando aún soporten oír hablar –o leer sobre- la maldad humana, que la hay). Quiero llamar la atención también sobre el diseño interior de la novela, pues la editorial La Galera ha hecho algo llamativo, bonito o interesante (quizás todo a la vez): algunas ilustraciones de página completa realizadas por Oriol Malet, ciertas páginas negras, fuentes para los títulos originales, y pequeñas ilustraciones recorriendo la novela entera van adornando “La casa del torreón” con mucho acierto. Anika Lillo
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