Pilar Alonso (Registrado)
La época de Felipe II siempre me ha parecido fascinante. Literariamente, es una
a las que más jugo se le puede extraer. No hablo sólo del monarca, que desde luego
tiene mucho juego, sino de sus cuatro esposas, su hermano natural Don Juan de Austria,
o personajes como su secretario Antonio Pérez o Ana de Mendoza, la princesa de Éboli
(aquella del parche en el ojo). Además, es la época de las
batallas de Lepanto y San Quintín, de
Cervantes, de El Escorial, de la Armada Invencible y los tercios
de Flandes, de los piratas berberiscos y de las sanguinarias reinas británicas:
María Tudor e Isabel I, además de la escocesa María Estuardo. Sí,
no hay duda de que la época da para mucho juego.
Mª Pau Domínguez ha escogido un fragmento de ese momento histórico,
un fragmento bastante delimitado, en el que los protagonistas son el propio
Felipe II y su cuarta y última esposa, Ana de Austria,
que en nada tiene que ver con aquella otra del mismo nombre que tan famosa hizo
Alejandro Dumas.
La historia gira alrededor de la infidelidad del rey con Elena Zapata,
su supuesta amante, y digo supuesta porque en este caso la autora juega con la ficción.
Pues bien, toda la trama se desarrolla alrededor de esos amoríos, de los remordimientos
del monarca, entre su deber moral y su pasión carnal, y la obsesión de la reina
por descubrir si los rumores que circulan por Madrid acerca de los devaneos del
soberano son ciertos o no.
La historia no carece de atractivo, aunque sólo sea por los aspectos documentales,
que están muy bien trabajados. Pero la trama, para mi gusto, se queda un poco corta.
La época, como antes comentaba, posee el suficiente gancho como para atrapar la
atención de cualquiera. De fondo aparecen algunos
personajes o situaciones que bien darían
para otras tantas novelas, pero la visión de la autora me ha resultado un poco limitada.
Una y otra vez hace hincapié en los remordimientos del monarca por causa de su amante,
de sus recuerdos, de sus pecados... Y por otro lado tenemos a Ana de Austria que
es un poco más de lo mismo, obsesionada con la
infidelidad del rey o su inocencia.
En ningún momento se aleja demasiado del tema y a algún lector le puede resultar
un tanto repetitivo, porque parece como si los demás asuntos que rodean esa trama
principal terminasen contaminados por él, cuando no devorados.
Supongo que la autora trataba precisamente de plasmar el tormento de Felipe II,
un hombre profundamente religioso y al mismo tiempo un pecador consumado. Dicho
enfoque no carece de alicientes, créanme, y
Mª Pau Domínguez lo ha expresado con
gran acierto.
La novela es una recreación del Madrid del
Siglo de Oro marcada por la excesiva
religiosidad, que aparece tanto en Felipe II como en la reina, por los cotilleos
y la construcción de El Escorial, por los asuntos de Estado y por la leyenda, que
Mari Pau Domínguez ha sabido rescatar y plasmar en su novela, una
obra con muchos puntos interesantes, de lectura ágil y poblada de personajes cuya
sola presencia ya sirve de acicate para continuar la lectura.
Pilar Alonso
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