Marta Redel
Una novela con una trama de intriga muy bien tejida, que mantiene el interés del lector hasta las últimas páginas. Eso se debe a que va dosificando la información, ofreciéndola poco a poco, como en píldoras, a lo largo de los diferente capítulos. El estilo es ágil, irónico (hay mucho humor) y a veces poético, con descripciones muy logradas (atención a la de los canales de Amsterdam por la noche, vistos desde un barco de esos que ofrecen recorridos para turistas; la descripción del Tibidabo de Barcelona en el capítulo cumbre de la novela, etc.). Los personajes de la novela están muy bien trabados y son muy humanos (sobre todo Benito, el abogado, un bombón de personaje, de esos con los que se encariña el lector enseguida). La autora se recrea en la psicología de la protagonista, narrando en primera persona y con detalle su metamorfosis de esposa niña (como dice Paula) a mujer hecha y derecha.
Da la impresión de que Carmen Santos debe ser una gran cinéfila. En la novela hay muchas referencias al cine (habla de películas como Charada, Vértigo, Encadenados, El tercer hombre, Rebeca y un montón más).
En conjunto, la propia novela tiene una estructura cinematográfica y se lee como si fuera una entretenida película de suspense. Engancha un montón. Al mismo tiempo, bajo esa trama entretenida hay como una segunda lectura que habla sobre las cosas que nos preocupan en la vida: la muerte, el amor, lo que hay detrás de las apariencias.
No conocía a esta autora, me recomendó el libro una amiga, y confieso que ha sido un grato descubrimiento. A pesar del número de páginas, he devorado la novela en cuatro días.
|