Ariodante (Registrado)
El título de la edición inglesa reza The Fall Of The West. The Death of The Roman Superpower. El orden de los factores sí que altera aquí parte del resultado. Ocurre que el trabajo de
Goldsworthy
—una descripción fundada de la decadencia y caída de Roma, un imperio que dejó de existir en Occidente en el siglo V, aunque, en su conjunto, perduró mil años más, hasta la caída de Constantinopla en el siglo XV — contiene, asimismo, una penetrante reflexión sobre el destino de las “superpotencias” en Occidente: Roma, en la Antigüedad; Reino Unido y EEUU, hoy (acaso China o la India, mañana, lo que significaría un vuelco radical e imprevisible en la trayectoria de la Historia). Se trata, pues, de establecer las analogías oportunas entre unas naciones, unos tiempos y unos escenarios particulares, pero sin olvidar sus contrastes y diferencias. “Imperio” es término ya caduco y muy restringido, no así el de “superpotencia”. Roma fue imperio y superpotencia; hoy, EEUU, siendo superpotencia no constituye, en sentido estricto, un imperio, sino acaso todo lo contrario.
¿Por qué fascina tanto la caída de Roma? Porque recuerda nuestra humana mortalidad. También por la hostilidad y el resentimiento que suscitan, el vértigo que provoca, todo lo grande y poderoso, lo no abarcado por el común abrazo. En la Introducción, lo dice el autor bastante claro: “criticar a Roma se ha convertido en un modo de criticar la política y la cultura estadounidense, lo que, inevitablemente, influye sobre su visión de ambas potencias.”
Roma cae por su propio peso, cuando su fuerza empieza a tornarse debilidad, intriga y cansancio. Todo ello acontece en un proceso largo y complejo. En el siglo V, los bárbaros aprovechan la ocasión para arrasar Roma. Dictamen de Goldsworthy: “en comparación con la vida en el Imperio romano, el mundo que surgió entre sus ruinas resulta tremendamente primitivo.” Posteriormente, en el siglo XV, los turcos entran en Constantinopla y certifican el ocaso de Occidente. Bien es verdad, que Occidente pronto renació, se restableció y recuperó su energía, hasta llegar a nuestros días con otras circunstancias y renovadas amenazas. Pero ésa es otra historia, la de nuestros días. Ariodante Diciembre 2009
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