Joseph B. Macgregor (Registrado)
Una delicia absoluta. Qué bonito trabajo de traducción han hecho Carlos Rubio
y Rumi Tani Moratalla, algo muy difícil en textos de esta categoría
ya que lo que se tiende a hacer es una adaptación para hacerla más asequible al
lector de ahora, con lo que aunque -en teoría- se facilita la lectura del interesado
a veces se pierde el sentido original de la obra, perdiendo incluso toda su poética.
No es el caso, afortunadamente, del libro que nos ocupa en el cual se ha preferido
por la traducción más cercana al texto primigenio, con lo cual es cierto que uno
se puede perder con tanto nombre de Dios, sobre todo porque estos son de una longitud
extraordinaria, o se puede sentir agotado con la repetición a toda luces excesiva
de el mismo esquema de oración… pero qué cansancio más bonito…que texto más hermoso,
qué historias tan fuera de lo común, tan extraordinarias. Me parece un prodigio
que unas narraciones que fueron escritas hace tantísimo tiempo conserven esa frescura,
esa capacidad para hacer soñar, para motivarnos y llegarnos tan hondo, para tocarnos
de ese modo tan especial.
Y uno reflexiona un poco sobre lo que lee y en realidad
Kojiki no
es demasiado diferente a
La Biblia, por ejemplo: historias
que pudieron suceder mezclada con mitos, con sucesos mágicos, algunas de ellas con
sabias moralejas, otras buscando fundamentar una dinastía (como sucede en La Biblia
con la del Rey David, p. ej.), otras intentado explicar el nacimiento del mundo,
de los elementos geográficos de la Tierra…
Un texto para ser paladeado con sumo gusto y cuidado, lentamente, sin prisas ni
agobios. Abrir cualquier página, leer una de estas historias y dejarnos envolver
por esa magia primigenia que desprende la ingenuidad e inocencia de los que eran
verdaderamente puros.
Joseph B Macgregor
|