
William Somerset Maugham, uno de los escritores más populares de los años 30 y el mejor pagado. Aunque nació en parís, al hacerlo físicamente en la Embajada, ya que su padre trabajaba allí como abogado, puede considerarse como nacido en territorio británico. Su madre, francesa, murió poco después de darle a luz. Y dos años más tarde, muere su padre. De su infancia se ocupó un tío suyo, vicario en Kent. Sus años de internado fueron muy desagradables, y Willam desarrolló una tartamudez nerviosa que le duró toda la vida. Se le discriminaba por su acento francés y por su baja estatura, con lo que se acostumbró al sarcasmo y a esconder sus sentimientos. Estudió medicina: "Vi hombres morir. Los vi sufrir dolor. Aprendí qué era la esperanza, el temor y la ayuda..." Maugham vio claramente, una y otra vez, cómo es de corrosivo el padecimiento para los valores humanos, cómo la enfermedad vuelve hostil y amarga a la gente, y nunca lo olvidó.
En 1897 publicó su segundo libro, que tuvo bastante éxito y le decidió a dedicarse a lo que era realmente su deseo: la literatura. En 1914 ya era un autor muy conocido y exitoso. Su obra más conocida, Servidumbre Humana, la escribió en 1915, y se la considera como la más autobiográfica. En esta época conoció a Frederick G. Haxton, con el que mantuvo una relación que acabó cuando Haxton murió en 1944. Al mismo tiempo, se relacionó con Syrie Wellcome, con la que tuvo una hija, Liza, y aunque posteriormente se casaron, su matrimonio fue conflictivo y se divorciaron en 1928. Su inclinación bisexual impregna su obra. Realizó muchos viajes por todo el mundo, y también trabajó para el servicio secreto británico en Rusia, en la década del 1917 a 1928. Finalmente se estableció en el Sur de Francia.
Julia, la novela que presentamos, y cuyo título original, Theatre, es en mi opinión mucho más representativo de lo que se nos cuenta, es por su forma una narración sobre la vida de una famosa actriz británica de la primera parte del siglo XX. De hecho, se sitúan los hechos alrededor de los años 30. Comienza con varios flash-back, en los que Julia Lambert recuerda sus comienzos en el teatro y los de su marido, Michael, así como la historia de su encuentro y casamiento. Narrada en tercera persona, pero desde el punto de vista de la protagonista, con constante expresión de sus pensamientos, que suelen estar en contradicción de sus actos, como buena profesional de la farándula, nos muestra un abanico de personajes del mundo teatral y los que le rodean, aristócratas y burgueses de alto nivel que se sienten atraídos por este mundillo y a los que les gusta sentar a un actor/actriz en su mesa y resulta muy chic en sus fiestas.
La acción comienza cuando Julia, ya cercana a la cincuentena, acostumbrada a unas rutinas y a una vida profesional y familiar contenida, se siente rejuvenecer al conocer a un joven ambicioso, apenas es mayor que su propio hijo. Este encuentro trastoca su vida y hace tambalearse hasta su actitud en el trabajo, además de crear complicaciones en los que le rodean. Llegado a un punto, se le hace necesario distanciarse de todo para reflexionar sobre su vida y su trabajo, sobre cómo la ven los demás y cómo se ve ella misma. Una breve charla mantenida con su hijo, con el que siempre ha estado muy distante, le hace ver una realidad que la perturba mucho más que sus desventuras amorosas. Finalmente, vuelve al teatro que es su vida, mientras que su vida es, para ella, una ficción.
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