Txema (Registrado)
Se equivocarán totalmente quienes se acerquen a esta importante obra en la creencia de que van a ser catequizados. Nada más lejos de la verdad, porque el trabajo concienzudo de
José Antonio Pagola se aparta bastante de la ortodoxia cristológica sobre la figura del maestro para centrarse casi exclusivamente en dos facetas esenciales:
el hombre y el mensaje.
Es más, estoy convencido de que a los sectores más recalcitrantes del catolicismo hispano, les parecerá poco menos que blasfema y digna de ser enviada a la hoguera del olvido. Sin embargo, ya desde las primeras páginas, se aprende más sobre Jesús que en muchos años de lecturas y mensajes “oficiales”.
El libro de
José Antonio Pagola, que al parecer se convirtió en unas pocas semanas en uno de los más vendidos en España, algo que dicho sea de paso, pone de manifiesto las paradojas de este país, nos presenta ya en los capítulos iniciales un
Jesús que muy poco tiene que ver con las versiones más o menos “autorizadas” que han circulado a lo largo de los siglos y que han llegado a desnaturalizar e incluso falsear al personaje y, lo que es peor, su obra y propósitos.
Resulta llamativo, por ejemplo, que en momento alguno
Jesús hable de si mismo como el verdadero Dios. Se limita a decir que viene a dar la buena nueva del Reino de Dios (El padre de todos) en el que, por cierto, todos van a tener cabida. Es por ello, según
Pagola, por lo que en Maestro está siempre rodeado de los últimos, de los indeseados, los apartados y marginados de la sociedad de aquel tiempo.
El Jesús de
Pagola se aleja deliberadamente del poder y de sus conflictos, y rehuye pronunciarse abiertamente sobre cuestiones políticas y partidarias. Sin embargo está llamando la atención permanentemente sobre las desigualdades sociales y sobre las discriminaciones y sobre la injusticia. Es muy significativa su rechazo al machismo imperante.
Advierte con claridad que no son necesarios para nada los intermediarios entre Dios y los hombres y ello alarman precisamente a quienes han hecho de esa intermediación un negocio, una forma de vida o una manera de influir (y adquirir) en el poder. El mensaje en este sentido es claro y taxativo y bien puede ser que fuera el motivo de su muerte.
También es reconfortante el mensaje de
Jesús sobre el Padre. Se aleja de ese Dios, justiciero implacable, que castiga el más mínimo desliz, sin el más leve asomo de piedad para sus hijos. Ese Dios terrible y vengativo, ese Dios tenebroso desaparece por completo en el mensaje del Nazareno.
El capítulo que resulta más difícil de entender, al menos para mí, es el que se refiere a la resurrección de Cristo.
Pagola no quiere decir expresamente que se trató un una resurrección física, pero tampoco nos aclara si los discípulos no llegaron a creer semejante posibilidad o se trató más bien de una especie de metáfora. Más una resurrección de su herencia o de su mensaje que de él. Es un capítulo
complejo que, posiblemente, merecería una lectura más profunda.
En definitiva lo que sí queda claro es que por algún motivo, llámese como se quiera, el mensaje de un simple judío del siglo I que murió crucificado como un vulgar delincuente se propagó por todo el mediterráneo primero y por una buena parte del mundo después. Es este un misterio que nadie ha logrado desentrañar.
El libro de
Pagola que, como ya he dicho no gustará nada a los integristas, seguramente será bien recibido por los que separan el Jesus teológico religioso del Jesús hombre, tal y como ha hecho Pagola en este magnífico y muy recomendable trabajo.
Txema
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