pilarlb (Registrado)
Digo de entrada que soy una persona de mente totalmente abierta y que siempre he defendido que cinco sentidos, además imperfectos, en modo alguno pueden explicar la REALIDAD TOTAL. Que en el planeta Tierra existen enigmas, no lo pongo en duda, como no pongo en duda que puedan hallarse en lugares inexplorados restos de civilizaciones extinguidas, pero… ¿qué hacen unos supuestos “Maestros de Luz” ocultos en túneles? ¿A qué esperan para darnos una “colleja” y, aparentemente, sólo se manifiestan ante determinados individuos y, como en el caso del autor, a través de un viaje astral o una visión? ¿Qué han hecho los supuestos elegidos para serlo? ¿Por qué no van directos al “grano” y contactan con líderes mundiales?
Creo que la obra habría ganado interés si Ricardo González hubiera separado sus ideas y percepciones de la realidad, porque la REALIDAD llama la atención cuando advertimos que determinados “lugares de poder” están perfectamente alineados en un triángulo perfecto, o que existen grabados antiquísimos que no podemos entender hoy en día, como no podemos entender determinadas construcciones extraordinarias, apoteósicas pero sin masilla, cemento o nada que permita comprender cómo bloques de piedra se sustentan durante milenios y cómo pudieron ser tallados con una precisión tal que no permite introducir entre los mismos una hoja de afeitar…
También se habla de pirámides en mitad del Amazonas, avistadas desde los satélites, pero en lugares inaccesibles y todavía no explorados. De ser eso cierto tendríamos que replantearnos la historia porque esas moles no son inferiores a la “Gran pirámide de Keops”.
Misterios
los hay, eso no podemos negarlo. El libro nos emplaza a algunos de ellos, siempre desde el punto de vista de supuestas hermandades que viven bajo tierra y salvaguardan sus conocimientos esperando el momento adecuado… Y digo yo: ¿Cuándo es el momento adecuado? ¿Acaso no está la Tierra dando tumbos y la civilización perdiendo sus principios?
Destaco del libro la gran documentación en la que se sustenta, tanto histórica como de leyendas o la información que transmite en torno a enigmas todavía no resueltos, pero insisto en algo: Habría quedado mejor, en mi opinión, que el autor hubiera escrito una primera parte con todo lo constatable (leyendas incluidas) y hubiera reservado sus sentimientos y opiniones en un apartado final. Porque creer en hermandades ancestrales ubicadas bajo tierra, en “supuestos” elegidos y contactados a través de viajes astrales y en sentimientos vividos por él es otra historia… Y no digo con ello que no le crea, simplemente toma partido y da por válidas unas realidades que no se entienden, porque como decía más arriba puedo aceptar que Cuzco tenga una infraestructura hueca, que se comunique con el lago Titicaca, que los Incas ocultaran parte de sus tesoros utilizando esas infraestructuras cuando los españoles los saquearon, pero no que TODO eso se convierta en un artículo de fe… Es mi opinión, por supuesto, y no dudo que a muchos lectores la obra les resulte extraordinaria, en especial a los interesados en hermandades secretas, antiguos dogmas o profecías.
Pilar López Bernués
|