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Ficha realizada por Joseph B. Macgregor

IN VINO VERITAS
(In Vino Veritas, 2009)
Soren Kierkegaard

Editorial Alianza
Colección El libro de bolsillo / Filosofía

Traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero
Prólogo de Jorge del Palacio Martín

Primera edición: Febrero 2009
Género: Ensayo filosófico

ISBN: 978-84-206-4948-1
176 Páginas

Argumento

Kierkegaard – oculto bajo el seudónimo de William Afham - reúne en un banquete a los protagonistas de tres de sus obras más importantes: Juan el Seductor (Diario de un seductor), Constantino Constantius (La repetición) y Victor Eremita (Lo uno y lo otro). Les acompañan además dos invitados anónimos: un adolescente al que llaman “el hombre joven” y “el traficante de modas” un tipo que viste a la última moda, coqueto y de maneras elegantes y estudiadas, que acicala y se cuida (un metro-sexual del siglo XIX).

Constantino, que hace las veces de anfitrión, propone a los convidados pronunciar al final del banquete un discurso, con varias condiciones: que cuando decidan hablar se sientan lo suficientemente borrachos cómo para poder soltar la lengua y hablar sin tapujos y que el tema central de sus discursos sean el amor y las relaciones entre ambos sexos.

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Joseph B. Macgregor (Registrado)

In Vino Veritas” fue publicado en abril de 1845 formando parte de Etapas en el camino de la vida. Estudios de diversas personas. Está formado por tres obras. La primera de ellas, es In vino veritas, firmada bajo el seudónimo de William Afham y en que resumidas cuentas vendría a ser una apología de la soltería. La segunda, Palabras sobre el matrimonio en respuesta a las objeciones, escrita presuntamente por un autor anónimo que glosa los beneficios de estar casado y que funciona como respuesta a las conclusiones de la obra anterior. En la tercera ¿Culpable? ¿No culpable? Una historia de sufrimiento de nuevo Kierkegaard se oculta bajo un seudónimo: Frater Taciturnus. La obra se divide a su vez en dos partes, en la primera a través de un diario íntimo y personal Frater Taciturnus analiza la ruptura de un compromiso matrimonial de dos jóvenes prometidos. En la segunda "La carta del hermano Taciturno a un lector", Taciturnus opta por la narración epistolar para realizar un reflexión sobre el amor desgraciado que sufren los dos jóvenes tras el rompimiento del compromiso. Estas tres partes han sido publicadas formando parte de un solo libro o bien en obras individuales, cómo en el caso que nos ocupa.

En definitiva, Kierkegaard va describiendo paso por paso a través de estas tres ensayos los tres formas de vida a las que, en su opinión, el hombre cómo ser libre puede optar. Kierkegaard prefiere llamarlos “estadios” y efectivamente serían tres: el estadio estético, el ético y el religioso. El estadio estético, representado por la figura del Don Juan representa al sujeto hedonista al que sólo le importa vivir el presente y sin compromisos que le aten o le impidan gozar la vida al momento. Sin embargo, los que optan por vivir en el estadio ético se atienen a las normas, son personas comprometidas y con un alto sentido del deber, siendo el matrimonio el estado ideal en el que el hombre cumple su deber con la sociedad. Por último, el estadio religioso se consigue a través de la fe en Dios y es, según piensa Kierkegaard, el único que da sentido real a la existencia humana.

De este modo, en la obra que nos ocupa, In Vino Veritas, los convidados al banquete son todos representantes, en mayor o menor medida del estadio estético. En sus discursos, sólo el hombre joven habla un poco sobre el amor. Las afirmaciones del resto de invitados vienen a decir, y siempre bajo los efectos del vino, lo bien que se está soltero, ya que no tienen compromiso con nadie, pueden hacer lo que les apetezca, amar a cuantas mujeres quieran y disfrutar la vida al máximo. Estando comprometidos con una mujer o casados, se acabó para ellos la buena vida.

De igual modo, la estética está presente tanto en el cuidado que ponen en preparar los detalles del banquete, el fondo musical que utilizan para amenizar la velada (El Don Juan de Mozart), la preocupación por ir a la moda, bien vestidos, etc y el propio planteamiento del debate: el vino estimula la mente y es capaz de provocar un discurso libre de perjuicios. Por eso, aunque el tema central de la discusión es el amor al final terminan hablando de mujeres y de cómo elegir sólo a una les impide disfrutar de los placeres de la vida. De hecho, al principio de la obra una de las reglas que deben cumplir los convidados es no traer mujeres ya que tal cosa no resulta compatible con el disfrute de una buena mesa y el goce del vino. Por tanto, cabría preguntarse ¿Es In Vino Veritas una apología de la misoginia? O más concretamente ¿era Kierkegaard un hombre misógino?, cuestiones que son un poco difíciles de responder.

Kierkegaard opta, como es habitual en él, por desarrollar su ensayo utilizando el método de comunicación indirecta, oculto bajo el seudónimo de William Afham. De este modo, intentaba que sus lectores no le identificaran con ninguno de los personajes del banquete ni con las ideas que éstos exponen. Como me sucedió con “La repetición” este aspecto me gusta bastante ya que no tengo la impresión de estar leyendo un sesudo ensayo filosófico sino una novela, muy entretenida además y que no resulta para nada inaccesible sino muy fácil de entender.

Pero este sistema de exponer las cosas también tiene sus desventajas ya que nos impide saber a ciencia exacta si la obra es una crítica o una apología de la misoginia. Tampoco llegamos a saber del todo con cuáles de las afirmaciones claramente machistas de los convidados se identifica el autor. Desde mi punto de vista, estas declaraciones pertenecen únicamente a sus personajes y no le pertenecen en absoluto. Teóricamente, Kierkegaard no parece simpatizar demasiado con los estetas. Digamos que representan todo lo que detesta del ser humano, así que pienso que esas opiniones negativas sobre la mujer no eran compartidas por el filósofo, aunque ideas como las que señalé anteriormente sobre la prohibición de que las mujeres asistieran a banquetes siguen presentes en la sociedad actual, no son propias únicamente del siglo XIX. Todavía existe el típico “Manolo” que se marcha de casa, dejando a su mujer sola, para irse con los amigos al bar, en dónde efectivamente está mal visto que entren mujeres.

Y es que Kierkegaard buscaba conseguir con este método de comunicación indirecta que sus obras fueran consideradas un ensayo teórico en el que exponer sus teorías, sino más bien que para él eran una manera de superar sus conflictos morales o éticos, sus dudas; como un forma de resolverlos a través de la contraposición de ideas diferentes aunque complementarias; como un modo de ver la luz. Sin embargo, desde mi punto de vista, parece que Kierkegaard nunca llegó a superar la culpabilidad que le creó su decisión de romper el compromiso matrimonial con su novia y todo su discurso es un intento de tranquilizar su conciencia. Nace, creo yo, como una forma de consolarse a sí mismo, de autojustificación que no termina de tranquilizarlo del todo y a la que llega, desde mi punto de vista, con convicción pero sin demasiada firmeza, como una forma más bien de autoengaño.

Encontrar una respuesta en la fe en Dios – salida por la que optó en la vida real – es algo muy respetable y coincide con la de muchísimos creyentes en todo el mundo. Lo que sucede es que tal y como lo plantea Kierkegaard me parece una opción demasiado radical.

Por otro lado, pienso que se puede disfrutar de la vida y ser a la vez una persona respetuosa con las normas y creyente en Dios. Yo, al menos, no comparto esa división tan estricta de la existencia humana en tres estadios separados y absolutamente irreconciliables. Opino más bien que pueden complementarse perfectamente.

Esto no quita que haya personas que prefieran vivir dedicados por entero a Dios, otras que “vivan la vida loca” sin pensar en nada más y que existan también los que se llama gente de orden que se considera a sí misma integra y responsable, pero la mayor parte de la masa humana es una mezcla de las tres. Al menos así es como lo veo.

Joseph B Macgregor
 

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