
Stanley Yelnats es acusado injustamente de robar unas zapatillas, y el juez en vez de enviarlo a la cárcel lo envía dieciocho meses al Campamento Lago Verde. En realidad el Campamento Lago Verde tiene poco de campamento y se asemeja mucho a una prisión, pero sin las celdas. Y el Lago Verde ya no existe, pues ahora sólo es un desierto que se extiende hacia el horizonte.
Allí envían a los chicos malos y su directora, llamada simplemente Vigilante, los obliga a cavar un hoyo cada día, de metro y medio por metro y medio.
Pronto Stanley descubre el verdadero motivo por el que cavan esos hoyos; al parecer, en algún lugar de Lago Verde hay enterrado un tesoro, un tesoro que los antepasados de su directora llevan buscando desde hace más de cien años, pero que ninguno logró encontrar.
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