
Charles Dickens (Portsmouth, 1812-Londres, 1870) novelista británico y autor universal. Tras una infancia penosa, ya que su padre fue encarcelado por deudas y él tuvo que mantenerse y mantener a su familia trabajando desde niño, experiencia que reflejó cumplidamente en su extensa obra, pero, sobre todo, en David Copperfield. Autodidacta en gran parte, apenas pudo asistir a clases. Sus autores de cabecera eran Fielding y Smollett. En diciembre de 1833, Dickens publicó, bajo el seudónimo de Boz, la primera de una serie (Los apuntes de Boz) de breves y originales descripciones de la vida cotidiana de Londres en The Monthly Magazine, editada por George Hogarth. Consiguió finalmente un trabajo en el campo legal y aprendió a manejarse en ese medio. Finalmente trabajó como periodista en un periódico liberal. Se casó (1836) con Catherine Hogarth, con quien tuvo diez hijos, aunque posteriormente el matrimonio se tambaleó y finalmente se disolvió, por las relaciones de Dickens con una actriz. Comenzó a escribir Los papeles póstumos del Club Pickwick, cuya fama le catapultó a la literatura. Además de su portentosa producción literaria y sus colaboraciones periodísticas, ensayísticas y apuntes de viaje, desarrolló una intensa campaña de conferencias por EEUU, defendiendo la abolición de la esclavitud. También llevó a cabo una labor como editor de semanarios, y otras múltiples actividades. Sus restos reposan en la Abadía de Westminster. La narración está compuesta por una serie de pinceladas con las que nos muestra la situación social en que se encontraba la Francia inmediatamente prerrevolucionaria. Intercalando entre ellas la historia de los personajes, cuyas andanzas oscilan entre las dos ciudades, París y Londres, que también simbolizan dos mundos: el caos revolucionario que trastocó el orden social del siglo XVIII y que abrió la puerta al convulsivo siglo XIX.
Así asistimos al retorno a la vida del Doctor Manette, encarcelado injustamente durante años y olvidado en una prisión hasta que la Revolución le abre las puertas. Vemos cómo su vida sigue durante años marcada por los terribles recuerdos de la cárcel, a pesar de que su hija Lucie amorosamente trata de hacerle olvidar, afincados en Londres, con la ayuda de su fiel amigo el señor Lorry, de la banca Tellson. Conocemos al aristócrata Darnay /Evremonde, que es el objeto del amor de la dulce Lucie, que le escoge entre otros pretendientes, como el abogado Stryver y su colaborador Sydney Carton, el enamorado en la sombra. Mediante retornos al pasado sabemos que Charles Darnay rechaza su posición y su herencia y sale de Francia con idea de no volver. Pero allí su nombre ha sido anotado en la terrible e implacable lista y la Venganza le acecha. La pacífica vida británica del matrimonio Darnay, el reintegro social del Dr. Manette, el feliz nacimiento de la hijita, ...todo se ve alterado cuando Darnay es requerido en París y se marcha hacia lo que será un recorrido por los infiernos. Abandona la pacífica y aristocrática Inglaterra en pos del Terror jacobino, adonde le seguirá su familia y amigos tratando de salvarle. Y sufrimos con ellos las injusticias y el dolor infringido, y ansiosamente asistimos a los esfuerzos y al sacrificio del oscuro personaje, que, por el amor de la dama, ofrece su vida hasta ahora inútil y desafortunada, consiguiendo con ese último acto dignificarla para siempre.
Opinión
Ariodante
El comienzo de esta novela es antológico: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.” (Ecos de Shakespeare).
La primera idea sobre este libro comenzó a rondarle a Dickens alrededor de 1857, y hacia marzo del año siguiente ya comentó en una carta a Forster, que ya tenía el título pensado, después de barajar muchos otros: Historia de dos ciudades. También tenía trazado a Carton, el verdadero héroe, por su sacrificio, una nobleza de alma en su digna muerte. Dickens se sabía de memoria la obra de Carlyle La revolución francesa, que le influenció enormemente a la hora de escribir esta historia. El primer ejemplar apareció en abril de 1859 y el último, en noviembre, en la nueva revista Alrededor del año.
"Todas las referencias sobre el pueblo francés, antes y durante la revolución, están hechas sobre la base de aseveraciones de testimonios de confianza. Tengo la esperanza de haber podido agregar alguna novedad al popular y pintoresco modo de comprender ésa época tan terrible, aunque es difícil poder más que lo que al respecto dice el filosófico y maravilloso libro de Carlyle" (Declaración de Dickens a un periódico local)
De hecho, marca una línea diferente entre ésta y sus anteriores obras: la documentación histórica prevalece sobre la descripción de los caracteres de los personajes, y prima la acción sobre los diálogos. La acción es lo que les define. Y, otro factor que algunos le echaron en falta y le denostaron por ello: el humor, que impregna la mayoría de sus obras, aquí está ausente. Es decir, que la magnitud del drama que Dickens ha podido conocer tras la lectura de Carlyle, parece aplacar esa tendencia a satirizar situaciones y personajes. De todas formas, en mi opinión, sí que hay un cierto sarcasmo en sus pinceladas sobre las turbamultas francesas y las británicas, en determinados momentos de la obra. Pienso en el juicio en Old Bailey donde conocemos a Charles Darnay, y en los simulacros de juicio franceses donde se condenaba o se absolvía a un personaje pasando de una a otra posición de un modo absurdamente irracional. En las caricaturas del matrimonio Defarge, en Cruncher, el ladrón de cadáveres descrito como “honrado comerciante”, y otras píldoras semejantes. Las descripciones de la locura revolucionaria son espeluznantes. Y casi se describe mejor la parte francesa que la inglesa, que justamente es la que mejor conocía, y que había sido objeto de la mayoría de sus obras anteriores.
Dickens vive demasiado cerca en el tiempo de los hechos que relata, y lo que nos presenta es el horror del caos y de las multitudes en acción. Lo injusto de las situaciones que desatadas por el Terror, devoran a inocentes y culpables con la misma voracidad. Intenta transmitirnos que hubo un detonante en las injusticias de una clase en decadencia pero ostentosa del poder, pero que la bestia desatada se convirtió en un monstruo sediento de sangre. Intenta también que la tranquila Inglaterra aprenda, en la desgracia de sus vecinos continentales, a resolver sus conflictos sociales, sus marcadas diferencias de clase y sus injusticias de un modo democrático y pacífico. Porque el mundo ya no será el mismo tras 1879.
Ariodante Octubre 2009
|