Santi37
Pero esta no es una novela de aventuras. Huy, qué va.
Situar los libros de Enrique Vila-Matas en una categoría concreta es tarea imposible. Sus ¿novelas? desafían toda catalogación, puesto que son un apretado tapiz de vivencias personales, referencias bibliográficas, citas escondidas e implícitas, guiños al lector avisado, y un barniz de ironía y humor finísimos. La única definición que me atrevo a lanzar es la de "juguetes literarios".
Aun a riesgo de ser considerado un odioso pedante, hay que poseer ciertas claves para disfrutar esta novela "dadaísta". Aunque estoy convencido de que otros más pedantes y más odiosos aún que yo dispondrán de más claves, y por tanto su disfrute será mayor que el mío (qué envidia, brrr).
La obra del artista francés Marcel Duchamp, en gran medida responsable de los almacenes de chatarra en que se han convertido hoy los museos de arte contemporáneo, es una piedra angular de esta novela. Además, desfilan por las páginas del libro otros muchísimos personajes célebres del pensamiento y las artes plásticas del pasado siglo: tantos, y en tan pocas páginas, que sería demasiado prolijo enumerar.
No es una novela para todo el mundo: pero a mí, en ocasiones, notaba cómo se abría la boca en una sonrisa y se me caía la baba (literalmente) , por la astucia, la ironía y el descaro de Vila-Matas, al escribir esta pieza inclasificable, tan refrescante por reconocer su propia intrascendencia.
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